El espacio en la filosofía de los siglos XVIII y XIX
Concepciones fundamentales del espacio en la historia
Un hecho tal vez curioso de la historia del conocimiento fue la aparición de las concepciones idealistas parasitarias sobre las conclusiones de los científicos sobre el mundo, incluyendo la concepción sobre el espacio. Así, el obispo Berkeley, los filósofos alemanes Kant y Hegel se aprovecharon de los resquicios teóricos dejados por los científicos, y extrajeron conclusiones subjetivistas e idealistas objetivas. Más tarde las cosas tuvieron un mejor desarrollo al aparecer la dialéctica materialista fundada por Marx y Engels.
Berkeley es el fundador del idealismo subjetivo y sus conclusiones subjetivas acerca del espacio y del tiempo, afortunadamente, no tuvieron mucha repercusión en su tiempo, aunque luego todos los científicos idealistas reinaugurarían esta corriente del pensamiento. Para él todas las propiedades de los cuerpos son subjetivas, porque la extensión como las dimensiones se evalúan mediante la visión y el tacto, por lo tanto les negó su existencia objetiva. Criticando a Newton rechazó el espacio absoluto y lo declaró ficticio, ya que sólo este se reconoce por los sentidos. El espacio es sólo un concepto que expresa la coexistencia de las ideas y por lo tanto es relativo. En la actualidad es seguido, sin saberlo o quererlo, por muchos científicos que, supuestamente, son autoridades en su área, pero bien vistas las cosas, es una verdadera vergüenza que sus conjeturas hayan anclado en las teorías científicas, puesto que son simples afirmaciones de apreciación, ignorantes completamente, y que jamás han seguido o estado acordes con los avances de la Física, la Mecánica, la Astronomía y la Geometría.
Idealista igual, pero de carácter objetivo, son las apreciaciones de los filósofos fundamentales del idealismo clásico alemán, con Kant y Hegel a la cabeza. Kant, por supuesto, apoyando las conclusiones idealistas de Leibniz argumenta sus concepciones del espacio y del tiempo. “La extensión de los cuerpos, según él, se determina por el equilibrio de las fuerzas de atracción y de repulsión: las fuerzas de repulsión determinan su impenetrabilidad y las de atracción, su tamaño. Motivado por las contradicciones entre la concepción de Leibniz y la mecánica clásica, y también por la geometría euclidiana, asumió una concepción contraria a la newtoniana. Llegó a la conclusión de que el espacio y el tiempo no se conciben mediante la experiencia, sino intuitivamente, y que se presentan como formas apriorísticas de la contemplación del hombre, anteriores a cualquier experiencia”[1].
Según Kant las experiencias sólo nos proporcionan datos acerca de las distancias y duraciones relativas, pero las leyes geométricas sólo la proporcionan de forma a priori el intelecto. Nacemos con ello, por ello el espacio y el tiempo son concebidos como universales. Es decir, se contradice pues de algún modo coquetea tanto con el materialismo mecanicista y con el idealismo subjetivo, y no se compromete con ninguno de los dos; tal es la filosofía en toda su extensión de Kant y sus discípulos, quienes abandonan al Kant materialista y sólo desarrollan al subjetivismo filosófico y científico. Además, separa la Física y la Geometría y no concibe que ambas tengan relación, sobre todo en la explicación del espacio.
Las cosas en sí son incognoscibles, impenetrables por el pensamiento y el proceso del conocimiento humano, por lo tanto, para darles coherencia y poder conocer lo que hay más allá de los fenómenos, Kant argumenta que a priori les inyectamos las nociones espaciales y temporales y los hacemos coherentes y cognoscentes, por ello podemos conocer el mundo. Por lo tanto, niega la realidad objetiva tanto del espacio como del tiempo, los que no existen en los fenómenos ni las cosas en sí sino que nosotros la ponemos ahí para entender a éstos.
Como idealista, también Hegel, sometió a juicio idealista, las conclusiones de la mecánica newtoniana, rechazando su existencia objetiva. Sostiene que “el tiempo es, como el espacio, una pura forma de la sensibilidad o de la intuición, es lo sensible, insensible, pro, como al espacio, así también al tiempo nada le importa la diferencia de la objetividad, y de una conciencia subjetiva, puesta frente a él. Si estas determinaciones fueran aplicadas al espacio y al tiempo, aquél sería la abstracta objetividad, éste, por el contrario, la subjetividad abstracta”[2].
Sin embargo, pese a su idealismo objetivo, pero siendo un dialéctico brillante, Hegel extrae conclusiones que se adelantan a su época por mucho. Señala no sólo que el espacio y el tiempo son específicos, dos entes o cosas diferentes, pero, además que son diferentes facetas de la unidad denominada movimiento. Superando también por mucho a sus predecesores augura que es en el movimiento donde se produce la unidad dialéctica entre tiempo y espacio. Las estructuras espaciales y temporales cambian y se transforman conforme al movimiento y ligados dialécticamente a él. El espacio y el tiempo son continuos y los cuerpos están en un lugar y tiempo determinados pero, a la vez, no lo están, pues el movimiento también es continuo y eterno, es universal.
Perteneciente también a la filosofía clásica alemana, pero ahora de carácter materialista, Feuerbach fue el primero en poner las cosas en su lugar acerca del problema de la definición y naturaleza del espacio y del tiempo. Señala que el espacio y el tiempo no son simples formas de los fenómenos, sino condiciones fundamentales de su existencia. Sustenta la existencia objetiva tanto del espacio y del tiempo. Ellos, actuando sobre nuestros aparatos sensoriales nos suscitan la sensación y no al revés; además, no son simples formas de las cosas, sino esenciales para que éstas sean. Por supuesto que rechazó la debilidad de Newton acerca de la existencia o participación divina en este problema o aspecto de la realidad. Sin embargo, llevó al extremo, por su posición no dialéctica, esta cuestión, pues el reconocimiento de que si el espacio y el tiempo no dependieran de nada, sólo quedaría la explicación teológica o idealista objetiva, y posiblemente, en la actualidad y en el futuro se descubra en base a los experimentos que el espacio también actúe sobre la materia llena o más sólida, cambiando sus relaciones de causalidad.
Tanto la Física, la Geometría, la Astronomía y la Geografía fueron penetradas por las opiniones que devendrían en los neopositivismos de corte idealista subjetivo y que inauguró Ernesto Mach a finales del siglo XIX. Para él no existen el espacio ni el tiempo como formas objetivas de existencia de las cosas. Por lo tanto él sólo ve acontecimientos, un conjunto de percepciones, en el proceso del conocer práctico. El ser humano sólo percibe una gran cantidad de diferentes percepciones, las cuales de alguna manera están organizadas. La distribución simultánea de los diferentes acontecimientos la denominamos espacio.
“Mach, en su libro Análisis de las Sensaciones, reafirma que el espacio y el tiempo son un ordenamiento o una agrupación de percepciones (acontecimientos) en correspondencia con otras series de acontecimientos. La experiencia, según él, muestra que en la característica del ordenamiento se pueden introducir relaciones cuantitativas, las cuales constituyen el contenido de la geometría y del cálculo del tiempo. De esta forma despoja al espacio y el tiempo de la base material, de la interacción (campos)”[3].