Objetividad del espacio y el tiempo en el materialismo dialéctico
Concepciones fundamentales del espacio en la historia 5/
Federico Engels definió la materia, el espacio y el tiempo, desde posiciones del materialismo dialéctico, filosofía elaborada por él y por Carlos Marx. Luchó contra las ideas idealistas y subjetivistas en la Filosofía y la Física, subrayando el carácter objetivo de la materia, del movimiento, del espacio y del tiempo. No obstante, los avances filosóficos de Engels, a finales del siglo XIX el mundo de la ciencia fue invadido por concepciones subjetivistas acerca de la realidad. Esta circunstancia indujo a V. I. Lenin, en su Materialismo y Empiriocriticismo y en otras obras a poner freno a dichas ideas subjetivistas, y proporcionar definiciones filosóficas que pusieran en claro, qué es la materia y sus formas de movimiento y existencia. Combatió también científicamente la relatividad de los conocimientos, relativismo que pregonaban pragmatistas, existencialistas, subjetivistas del positivismo, y demás lacayos de la burguesía.
Así pues, la crítica leninista nos ilustra las posiciones del materialismo dialéctico con respecto a las concepciones del espacio. Por un lado, su objetivo es resolver el problema del espacio (de la materia, el movimiento y el tiempo) en la solución materialista dialéctica del problema fundamental de la filosofía: las relaciones entre el pensar y el ser. Escribe Lenin[1]: “Nuestras representaciones relativas cobre el espacio y el tiempo, ¿son aproximaciones a las formas objetivas y reales del ser?, ¿o no son más que producto del pensamiento humano en proceso de desarrollo, de organización, de armonización, etcétera (aquí tomando las conclusiones de los empiriocriticistas)? En esto, y solamente en esto consiste el problema gnoseológico fundamental sobre el que se dividen las direcciones verdaderamente fundamentales de la Filosofía”.
En el mismo terreno filosófico, Lenin también combatió el relativismo en los conocimientos, en una época donde los avances incesantes y apresurados de la ciencia, parecía que iba sustituyendo los conceptos clásicos, pero que, en realidad, dichos avances fueron interpretados desde el subjetivismo. Lenin se dio a la tarea de poner en claro que nuestros conceptos del espacio desde la perspectiva materialista dialéctica constituyen solo la dialéctica entre las verdades absoluta y relativa, pero sin dejar de subrayar que la verdad objetiva existe fuera e independientemente de nosotros. Escribe Lenin al respecto: “Desde el punto de vista del materialismo moderno, es decir, del marxismo, son históricamente condicionales los límites de aproximación de nuestros conocimientos a la verdad objetiva, absoluta, pero la existencia de esta verdad, así como el hecho de que nos aproximamos a ella, no obedece a condiciones… Dirán ustedes, esta distinción entre la verdad absoluta y la verdad relativa es imprecisa. Y yo les contestaré: justamente es lo bastante imprecisa para deslindar los campos del modo más resuelto e irrevocable entre nosotros y el fideísmo, el agnosticismo… Es el límite entre el materialismo dialéctico y el relativismo”[2].
Las ciencias, la Física se desarrollaba a grandes pasos, y los científicos de pobre formación filosófica o con ideología burguesa, y los filósofos, extrajeron de la sustitución de unos conceptos por otros nuevos, que la realidad no existe, que el espacio no existe y que es sólo un concepto cómodo para analizar el mundo. No obstante las conclusiones tan pobres de los avances de la Física en el concepto de espacio, poco a poco se iba desarrollando experimentalmente la concepción de la realidad objetiva del espacio, y sus relaciones con respecto a la materia, al tiempo y al movimiento. Sucede que, como lo aclaró Lenin, la materia es la categoría filosófica que sirve para designar la realidad objetiva, la realidad que existe fuera e independientemente de nuestra conciencia. En el terreno concreto de la ciencia, muchos científicos utilizaban el concepto de materia, y hasta la fecha, no en este sentido, lo que daba la sensación de que la materia desaparecía. Algunos otros prefirieron utilizar conceptos más precisos como el sustancia, y aparecieron los conceptos de campos y de la mecánica cuántica, que también ha sido interpretada desde la perspectiva subjetivista.
Durante mucho tiempo, y hasta la fecha, los científicos teóricos de la Física y de las Matemáticas, siguen con un embrollo de conceptos. Por ejemplo, se habla de cuerpos, o de partículas elementales, es decir, de pedazos de materia o de sustancia independientemente de lo que hay entre ellos; luego llegó el concepto de campo, para “ocupar” el espacio que rodea a los cuerpos o que hay entre ellos, y de este modo, se seguía concibiendo al espacio tal y como la mecánica de Newton. Por ejemplo, no se concebía que los campos y los cuerpos son sustancia, materia en el sentido físico, y por lo tanto, que el espacio no es vacío absoluto, sino una unidad de cuerpos y campos, pero estas conclusiones surgen con las teorías relativistas. El aparato conceptual de las ciencias, en este caso, de la Física o las Matemáticas no se había desarrollado y ni había adquirido naturaleza propia, y la confusión ocasiona que se prefiera el camino más fácil: el de concluir desde el punto de vista subjetivo.
“Lenin demostró que la relatividad del saber no equivale a negar su objetividad, que no debe confundirse el problema acerca de la objetividad de nuestros conocimientos con el de su plenitud, ni considerar que es objetivo únicamente un saber definitivo, absoluto. La verdad relativa también es una verdad objetiva, y su diferencia de la absoluta reside tan sólo en que es parte de la última, o seda, expresa su contenido de un modo limitado, incompleto y unilateral. Desde ese punto de vista, la verdad absoluta es la suma de las verdades relativas, con la particularidad de que este proceso de suma –puesto que se trata de los objetos en desarrollo y cualitativamente inagotables- nunca termina por completo”[3]. Luego Lenin, analiza el papel de la práctica como base del conocimiento y su criterio objetivo de la verdad.
En esa etapa leninista del materialismo dialéctico se dan las fuentes de los idealismos en las ciencias: Física, Matemáticas, Geometría, Geografía, etc. Se pensaría, si los físicos niegan la realidad objetiva del espacio, qué nos espera a las demás ciencias del espacio. Poincaré por ejemplo dice que el concepto de espacio y tiempo es relativo y, por consiguiente, no es la naturaleza la que nos la da. El machista o seguidor de Mach, K. Pearson, asegura: no se puede afirmar que el espacio y el tiempo tengan existencia real ya que no se encuentran en las cosas, sino en nuestro modo de percibirlas. Ernesto Mach, líder del Empiriocriticismo, afirma que el espacio y el tiempo son sistemas ordenados de las series de sensaciones y por tanto, no presentan existencia objetiva. Ante esta aparente cientificidad qué estudiarle al espacio si ni siquiera existen realmente. Por eso Lenin en esta época se dio a la tarea de desenmascarar los idealismos contenidos en estas premisas.
Posteriormente aparecieron físicos más cuerdos con Einstein y los geómetras no euclidianos, con el desarrollo de las ideas del electromagnetismo y los campos gravitatorios. Pero Lenin tenía el trabajo de definir científicamente, en el terreno de la Filosofía, las ideas más generales acerca de la objetividad del espacio y del tiempo. Dice: “en el universo no hay más que materia en movimiento y la materia en movimiento no puede moverse de otro modo que en el espacio y en el tiempo… No es posible sustentar de manera consecuente un punto de vista filosófico hostil a todo fideísmo y a todo idealismo, si no se admite resuelta y claramente que nuestros evolutivos conceptos del tiempo y el espacio reflejan el tiempo y el espacio de la realidad objetiva, aproximándose en esto, como en general, a la realidad objetiva”[4].
Esto en el terreno de la Filosofía, y ahí hay que situar dichas conclusiones leninistas. Otra cosa muy distinta es aplicar estas premisas materialistas dialécticas al terreno de la ciencia concreta. No obstante ningún científico cuerdo dejaría de reconocer que las representaciones humanas sobre el espacio y el tiempo son objetivas, las cuales llegan a la conciencia de los seres humanos en forma de ideas que reflejan la realidad objetiva en su conciencia subjetiva. No obstante los prejuicios burgueses en contra del materialismo dialéctico, hizo caer a muchos físicos y matemáticos en el idealismo, y a otros, los hacía resbalar en él en ciertos aspectos de sus modelos y teorías sobre el espacio. Pese a esto último, las teorías de la relatividad expuestas por Einstein, confirma la razón del materialismo dialéctico.