Ideas sobre el espacio en la Antigüedad

Publicado en por geografiadialecticaymas

El espacio y la estructura de la materia

Lucha entre el atomismo y el continuismo
Por José C. Martínez Nava

Desde la Antigüedad y hasta nuestros días resalta la discusión principal sobre la concepción del espacio en el sentido de la estructura de la materia y sus diversos niveles. Por lo tanto, no hay teoría o idea acerca del espacio que no trate sobre la estructura material del mundo, lo que a su vez tiene relación con los asuntos del determinismo en el conocimiento, el principio científico de causalidad y la unidad material del mundo.


Es, hasta nuestros días, cuando se han resuelto más rigurosamente estos aspectos con la dialéctica materialista, con las teorías de la relatividad, con la cosmología moderna, con la mecánica cuántica y otras ramas del saber que han aportado elementos valiosos en esta dirección. Sin embargo, no podemos pasar por alto las ideas geniales y las discusiones fructíferas de los sabios antiguos en Grecia y Roma.


Para muchos científicos contemporáneos –incluyendo sobre todo, a los geógrafos- ha pasado de noche que ya en la Antigüedad se discutía aparte el problema del espacio y del tiempo. Pero no sólo eso. En la lucha entre materialistas e idealistas de estas primeras épocas ya se habían planteado si el espacio es real u objetivo, se comenzó a dilucidar sobre su naturaleza y su estructura.


De modo intuitivo y genial algunos sabios griegos se adelantaron a los científicos contemporáneos mencionados, aproximándose a la idea del carácter discreto y continuo del espacio, su infinitud e increabilidad, y la dependencia entre el espacio y el tiempo y la materia, incluso, adelantaron discusiones sobre su carácter dialéctico.


No podemos olvidar que las nociones sobre el espacio se formaron en el curso de la actividad práctica de la sociedad, y estas nociones se fueron perfeccionando con el nivel alcanzado paulatinamente por los conocimientos precientíficos y científicos. Es lógico, porque el ser humano en sociedad no podría pasar por alto que en su vida cotidiana surgían nociones y representaciones acerca del lugar de los cuerpos o de los fenómenos, así como su duración o sucesión; aprendieron sobre la posición que las cosas ocupan, sus dimensiones, fronteras y figuras espaciales; es decir, no podría vivir sin estas nociones espaciales (y temporales).

Primero fueron simples representaciones concreto-sensibles, empíricas como es evidente, como consecuencia de su propia experiencia o al aprenderlas de generación en generación. La noción del espacio estaba asociada a las áreas de recolección, caza, pesca, clima, situación y localización de otros clanes, hordas, tribus, familias, (y la noción del tiempo a) llegada de las estaciones, cambio y sucesión entre ellas, posición del sol, aumento o disminución de temperaturas, etc. Poco a poco estas nociones empíricas se fueron transformando en abstracciones, pensamientos, conceptos, ideas, teorías, explicaciones más profundas sin dejar de corresponder con la realidad objetiva. Así, también poco a poco se fueron formando las ideas de la relación entre el movimiento de las cosas, de su cambio, de su transformación con respecto al espacio y el tiempo. Se hizo más necesario poner más atención a las propiedades relativas al espacio y a los fenómenos del mundo material. Surgen juicios cada vez más perfeccionados sobre el espacio y el tiempo como formas generales de todos los fenómenos del mundo. Dichos juicios surgen más decididamente con la llegada y consolidación de las sociedades clasistas en el esclavismo en diferentes regiones de Asia y, sobre todo, Europa.


En la Antigüedad se da el salto a un pensamiento superior en calidad. Los primeros representantes fueron pensadores de la escuela de Mileto, de la hermandad pitagórica, del sabio dialéctico Heráclito y de la escuela eleática. Son pensadores todos que se comenzaron a separar de explicaciones mitológicas y religiosas, y prestaron atención a los asuntos naturales espontáneos, destacando o reconociendo ya como diferentes los niveles empírico y racional del conocimiento. De este modo, en este primer momento comienzan a distinguirse, entre otros conocimientos, los problemas de la estructura de la materia y del espacio y el tiempo, además que surgieron las dos corrientes principales en la filosofía (materialismo e idealismo), cada una de las cuales aportaba su propia conclusión.


En la escuela de Mileto –materialistas, interesados en hallar el principio material de todas las cosas-, no fue Tales (para quien el principio único material era el agua) ni Anaxímenes (para quien dicho principio era el aire), sino Anaximandro quien proporcionó la primera idea genial no sólo sobre la materia sino –tal vez- del espacio dado que su principio o elemento se encontraba continuamente en todo objeto y devenir. Lo llamó “apeiron”, esto es, la sustancia abstracta, infinita y eterna que se encontraba en todas las cosas de manera continua o sin interrupciones. El concepto de apeiron de Anaximandro oscilaba entre la concepción materialista del mundo, acerca de su categoría principal: la materia, y una concepción del espacio como el principio de todo.


Anaximandro concibe al apeiron como el “sustrato”, como “lo universal”, como “invariante” que unifica todo lo existente pero, a la vez, que genera al mundo heterogéneo. Existe en todas las cosas pero no es posible identificarlo con ellas.


En el siglo posterior Pitágoras y los pitagóricos desarrollan el concepto del espacio en cuanto concepto matemático, pero no lo especifican en el sentido de la estructura material del mundo. Por su parte Heráclito, poniendo de pretexto al fuego como elemento primigenio, destacaba que el movimiento era la piedra angular de la materia. Puso atención a las partículas en movimiento en el aire y entre los astros, y sabiendo que se movían unos con respecto a otros intuyó las ideas de los atomistas. En efecto, el mundo es materia en movimiento, moviéndose en el espacio y el tiempo. Sólo que estas expresiones lógicas “en el espacio y en el tiempo” daban la sensación de sugerir al espacio y al tiempo como recipientes o entes fijos en los que se movían los cuerpos. Lo importante del caso es que por vez primera se destacaban y separaban tanto el movimiento, el espacio y el tiempo, como cosas diferentes, pero inherentes a los cuerpos materiales.


Surge la primera controversia importante acerca de la estructura de la materia, mediante la crítica al movimiento.  Es primero Jenófanes, pensador libre que comienza a argumentar que el mundo es sólo uno que no existe, por lo tanto, el movimiento, porque los cuerpos no tienen vacío para moverse. Con ello de algún modo funda la escuela eleata, y quien le da forma más acabada es Parménides quien argumenta que si existe el movimiento es porque existe el vacío y los cuerpos, que el vacío es el no ser y los cuerpos el ser, que el no ser no es nada, y por lo tanto no existe, porque no puede existir la nada, y entonces todo está lleno, todo lo que existe es un continuo eterno e invariable. Con ello se crea el continuismo, la escuela de pensamiento que considera que todo es continuo, sin interrupciones, en la estructura material del mundo. Más tarde corresponde a Xenón demostrar la imposibilidad del movimiento planteado por Heráclito. Como consecuencia de todas estas ideas, surge en definitiva y más claramente la escuela atomista de la estructura de la materia con Empédocles y Anaxágoras, para después seguir con Demócrito y Lucrecio.


Empédocles destaca los principios de los sabios griegos y los denomina elementos. Los elementos son perpetuos e indivisibles, aunque podían variar en magnitud y cantidad en sus uniones y descomposiciones. Son los cuerpos, grandes y pequeños, que se mueven a través del vacío o del espacio vacío. Anaxágoras desarrolla esta idea, pues dichos elementos o cuerpos se mueven ininterrumpidamente en forma de torbellino, por acción de una fuerza material llamada “nous” o inteligencia. La nous es continua, interrumpida por los elementos, los discretos o discontinuos. Los elementos, denominados homeomerias, no pueden dividirse pero contienen más pequeñas, y el espacio contiene aún más pequeñas sin alcanzar el cero o el punto matemático, que no es nada. Por lo tanto, un poco atacando el contiuismo de los eleatas, llega a la conclusión que el espacio es continuo, pero a la vez diverso en las homeomerias.


Así llegamos a Demócrito que asegura que en el mundo sólo existen átomos y vacío. Sus átomos son ilimitadamente variables en forma y longitud, su número es infinito en todo el universo e interactúan entre sí produciéndose el movimiento entre su interacción. El movimiento existe y es el movimiento de los átomos, que componen cuerpos mayores, en el vacío, en el espacio, y que éste se produce necesariamente. Los átomos se componen de ameras o las partículas elementales más pequeñas e indivisibles, que son el mínimo espacial de la materia. Los átomos y los cuerpos que forman tienen por condición a su movimiento el espacio como el vacío necesario, el que existe por sí mismo, ilimitado (sin fronteras). El tiempo está relacionado con el espacio a través del movimiento de los átomos y sus combinaciones en el espacio[1].


Lo importante es su consideración de la contraposición entre lo vacío y lo lleno, pero lo vacío no puede ser no existente, dado que es la condición de que se muevan los átomos existentes claramente. Esto se evidencia en su concepción del espacio o del vacío en el cosmos, donde el vacío ya posee estructura física determinada. La idea que luego se extrajo de estas conjeturas geniales es materialista, cuando se concibe que el espacio y el tiempo son condiciones de existencia de la materia en movimiento, de los cuerpos y átomos que se mueven entre sí. Esta condición no es más que forma de existir de aquellos cuerpos materiales. Pero además sirve de fundamento a dos ciencias: la Física y la Geometría. Primero porque el espacio y el vacío son cosas físicas, el espacio como lo continuo, los cuerpos como lo discreto, lo discreto se manifiesta en las “ameras” como unidades de escala de la extensión de la materia.


Aunque Platón considera al espacio como fundamento de la materia, considera este hecho como lo no existente, y a las ideas que surgen de él, como la realidad, lo único real y eterno. Su interpretación es idealista o puesta de cabeza. Lo valioso es la consideración del espacio como el fundamento de la materia. Por su parte, Aristóteles, reconoce la realidad objetiva del espacio, pero dicho espacio lo expresa a través del lugar (topos). Niega al tiempo una realidad objetiva efectiva, sin embargo, reconoce que el concepto de vacío contradice la realidad. El lugar es objetivo como los cuerpos y es su primer límite inmóvil del cuerpo con volumen. Por lo tanto, el espacio no es también el cuerpo, sino lo que hay fuera de él y que está lo más cerca posible de él y que termina donde termina el lugar de otro cuerpo. Sin embargo, un asunto importante y una diferencia con el espacio o vacío de Demócrito, el de Aristóteles también es un continente de cuerpos, sólo que el lugar no se llena con materia atomística, sino continua, sin rupturas, sin vacío.



[1] Cfr. Castro Díaz-Balart, Fidel. Espacio y tiempo en la filosofía y la Física. Editorial de ciencias sociales de la Habana. Habana, 1988. Pág. 20.

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