La pobreza y los pobres

Publicado en por geografiadialecticaymas

Nosotros y las elecciones

¿Quiénes somos?
Por José C. Martínez Nava

 

“Si no fuera porque me reconcilio a diario con la miseria, con el fracaso, con la injusticia, con el dolor, y con la desesperación de no poder execrar nada absolutamente, si no fuera por ello, repito, no resistiría la terrible proximidad con los demás”. G. F. León.

 

El título de este apartado es irónico, y está dedicado a todos aquellos analistas de pacotilla que llaman “pobreza” al deterioro material que sufre un grupo de pobladores de un lugar (esto no está mal) pero luego sugiriendo que las causas se deben al crecimiento de la economía o a las malas administraciones de los gobiernos, dejando veladas las verdaderas causas, consistentes en que el desarrollo del capitalismo tiene como consecuencia natural la aparición y crecimiento de pobreza. Pero, pareciera que tienen prohibido hablar de la verdad. El concepto capitalismo no tiene nada qué ver con lo que llaman avance económico o malas políticas gubernamentales, que sólo son dos cosas de un sistema lleno de miles de cosas.


Para que una sociedad avance se requiere que las relaciones de producción (sobre todo las relaciones laborales, de trabajo) estén adecuadas a las fuerzas productivas (instrumentos de trabajo, herramientas y nivel educativo y técnico del trabajador), a su nivel de desarrollo y características. Las relaciones de producción o económicas son aquellas relaciones humanas que todos nosotros establecemos con los demás mexicanos, ante todo, si se refiere al proceso de producción de bienes materiales; pero igual se aplica a las relaciones laborales en el comercio, en el intercambio de productos, en el consumo, en todos los aspectos de la economía de un país. Las relaciones de producción (y económicas) predominantes en nuestro país son las relaciones capitalistas, esto es, las relaciones que adquirimos con los patrones, con los burgueses, con los capitalistas, con los dueños del capital y los que se apropian gran parte de la riqueza producida por toda la sociedad. Y estamos atenidos a estas relaciones, por más que queramos no podemos desligarnos de ellas, ni las escogimos, tampoco, al nacer; son relaciones objetivas y existen sin la voluntad de nosotros ni de nadie.


Las fuerzas productivas son todos los instrumentos de producción, de trabajo; toda la maquinaria, los edificios, las carreteras, los medios de transporte, las técnicas para la elaboración de mejores mercancías, los utensilios y demás objetos materiales que han sido transformados por los mexicanos para que ellos, a su vez, transformen las materias naturales en mercancías que satisfagan necesidades humanas. El elemento más importante de las fuerzas productivas es el ser humano, el trabajador, su pensamiento, su experiencia, sus habilidades, sus cualidades para el trabajo, su capacidad para cambiar a la naturaleza y convertirla en un bien para nosotros.


En toda la historia de ya 200 años de existencia de México las fuerzas productivas se han desarrollado a grandes niveles; se han creado cosas que antes eran inimaginables. Este desarrollo es natural e incesante, siempre existe y existirá, no tiene interrupción. Algo muy importante es que entre más desarrolladas sean las fuerzas productivas un país va a ser un país más desarrollado, más adecuado con los nuevos tiempos, más eficiente para con su sociedad, es un país mucho más igualitario. Nuestro país, sin embargo, por más que se hable de desarrollo y de ganas de que salga del “tercer mundo” no va a ser así: seguirá condenado a la desigualdad social, al deterioro, a la pobreza cada vez más creciente, al empobrecimiento de las clases medias, a la concentración de capitales en cada vez menos manos, en fin, seguirá siendo un país explotado por el imperialismo internacional, e internamente con gobiernos ineficientes para por lo menos paliar la desgracia del subdesarrollo. Y todo esto será, porque las relaciones de producción capitalistas entran en contradicción con el desarrollo de las fuerzas productivas, las detienen. Sólo imagine que los burgueses autoricen que los estudiantes y egresados en realidad posean una personalidad para cambiar su mundo y no para adaptarse a él, como hasta ahora. Eso no sucederá nunca, como tampoco sucederá que un día los burgueses digan: ¡ya me cansé del capitalismo! Desapareceré con el resto de los miembros de la clase burguesa y dejaré el libre desarrollo de las fuerzas productivas y que México en realidad se desarrolle. Eso, tampoco acontecerá nunca. Y mientras tanto, la pobreza, la desigualdad social, la desigualdad en el reparto de la riqueza seguirá siendo capitalista, por lo tanto, no dejará de existir la pobreza y los pobres, cada vez más numerosos.


En efecto, mientras que las fuerzas productivas tienen un carácter social, las relaciones de producción tienen un carácter capitalista (que solo beneficia a una clase poco numerosa). El segundo aspecto ya lo conocemos, pero por qué decimos que las fuerzas productivas, la producción, tienen un carácter social. Por muchos motivos no vistos de primera instancia. Es usted un obrero que suelda las conexiones de un circuito electrónico, y eso hace todo el día. El circuito electrónico sin soldar lo realizó otro obrero que usted ni conoce. La placa, los transistores y demás aparatos electrónicos los transformaron otros cuantos obreros que menos conoce. Esas placas y los materiales electrónicos fueron construidos de materiales provenientes de la minería, y usted está conectado sin quererlo y sin saberlo con los mineros. El circuito que usted soldó, pasa a otro lugar de la fábrica donde se ensambla, junto con otros circuitos, por ejemplo, a una caja en forma de radio. El radio terminado es empacado por otro trabajador, a la vez es transportado para surtir una bodega, de la bodega es llevado a una tienda comercial, es exhibido en aparador y vendido. En todo este proceso usted se relacionó con muchos de su especie, incluso, con el consumidor. En ese proceso del trabajo no importa el nombre del capitalista que le roba parte de su trabajo y se lo apropia, simplemente es un capitalista más.


El capitalismo se basa en la explotación de la clase obrera asalariada por la clase de capitalista, esto sucede porque en el capitalismo todo es mercancía, incluyendo la fuerza de trabajo del obrero. El origen concreto de la pobreza es la creación y apropiación por el capitalista de la plusvalía (o, del plusvalor). Plusvalía o plusvalor es el valor que el trabajo del obrero asalariado crea después de cubrir el valor de su fuerza de trabajo, y que el capitalista se apropia gratuitamente. Por lo tanto, la plusvalía es el fruto de trabajo no retribuido del obrero[1]. “En la empresa capitalista la jornada de trabajo se desdobla en dos partes: tiempo de trabajo necesario y tiempo de trabajo adicional; el trabajo del obrero asalariado se divide en trabajo necesario y plustrabajo. Durante el tiempo de  trabajo necesario el obrero reproduce el valor de su fuerza de trabajo; durante el tiempo de plustrabajo, crea la plusvalía”[2].


Al obrero solo le pertenece su fuerza de trabajo, por eso la vende por un salario, un pago. Al capitalista le pertenece el trabajo del obrero, es decir, el uso de la fuerza del trabajo del obrero y también los productos del trabajo o las futuras mercancías creadas durante el proceso del trabajo. Por lo tanto hay dos objetivos en el proceso de producción de mercancías: uno, es la creación de plusvalía y, el otro, es la realización de estas mercancías. En realidad no importan tanto qué mercancías se producen para el bienestar social, ni su cantidad o calidad, sino la obtención de plusvalía que se apropian los capitalistas.


La única diferencia de la explotación capitalista de otros tipos de explotaciones de la historia, como la esclavista o feudal, es que la primera está disfrazada mucho más, y se hace parecer como un intercambio entre mercancías (la fuerza de trabajo del obrero) y dinero (su salario). En teoría así es, pero en la práctica, independientemente de la plusvalía, no lo es pues, además, existen otros muchos motivos que hacen posible la obtención de mayor cantidad de ganancias para el patrón. Por ejemplo. Los trabajadores para poder tener un salario venden su fuerza de trabajo a menor costo cuando detrás de ellos hay lo que se llama “ejército industrial de reserva”, es decir, todos los sin trabajo, los sin empleo, los desplazados, los que se incorporan a la edad de trabajar, etc. El capitalista sabiendo estos hechos que él mismo propicia paga cada vez menos por la venta de la fuerza de trabajo y obtiene mayores ganancias, dejando al trabajador en condiciones cada día más precarias. Pero el obrero puede renunciar y buscar a otro capitalistas; sí, que también lo explotará. Podrá vender en la calle artículos, sí, pero también será explotado por tal o cual capitalista. No hay escapatoria.


A lo largo del proceso económico completo; desde la producción de mercancías hasta su consumo participan una serie de capitalistas que se reparten la plusvalía generada por el obrero productor asalariado. Y, ya ni siquiera hablamos del posicionamiento político para que cada uno de estos sectores de capitalistas obtengan mayores ganancias, subiendo los precios de los productos sea cual sea el motivo de estos precios. Industriales, banqueros, intermediarios, comerciantes, más intermediarios, terratenientes, más intermediarios, se reparten el botín completo. El trabajador de cada uno de estos capitalistas cada vez se ve sufriendo las penurias de sus pobres salarios, miserables, de hambre.


La plusvalía es la clave, así que a reinvertir capital para el nuevo proceso de producción, así que a unirse con otros capitalistas para obtener mayor cuota de plusvalía. Diría la clase burguesa: “capitalistas de todos los países, uníos”. ¿Que cómo es posible que en un país a media tabla de los países pobres y ricos tenga al personaje con más dinero? Se apropia la mayor cantidad de plusvalía y la obtiene aprovechándose de las complicidades con el Estado que lo ha permitido.

La producción de plusvalía es la ley económica fundamental del capitalismo. No sólo es la principal causa de la pobreza y el desequilibrio en el reparto de la riqueza social creada por los trabajadores. También ocasiona todos los problemas sociales más graves. “La esencia de esta ley consiste en engendrar la creación de la mayor cantidad posible de plusvalía para los capitalistas, el desarrollo de la técnica y el reforzamiento de la explotación del trabajo asalariado. La producción de plusvalía, siendo como es la ley económica que rige la trayectoria del capitalismo, condiciona el carácter inevitable del crecimiento y profundización de sus contradicciones”[3].


Es evidente que esta explicación económica y objetiva ni es visualizada ni considerada ni aceptada por los comentaristas burgueses; incluso, por el público en general, que sólo cree lo que se ve muy fácil, muy superficial, de los comentarios de estos ideólogos del capitalismo. Pero todo lo que se diga al contrario evidentemente está muy lejos de reflejar la realidad, está lejos de ser siquiera algo parecido a la ciencia, es acientífico, empírico, simplista, idealista e, incluso, raya en la ignorancia atroz. Da pena muchas veces que estos comentaristas politólogos, que se hacen pasar por intelectuales, y líderes de opinión, convenzan al gran público de sus mentiras. Pero ellos tal vez sean poco culpables, pues bien saben que tienen éxito dado el analfabetismo social en materia sociológica y económica de este gran público, y en su minoría de edad política.



[1]     Cfr. Academia de Ciencias de la URSS. Manual de Economía Política. Tratados y Manuales Grijalbo. México, 1960. Pág. 82.

[2]     Ibidem. Pág. 82.

[3]     Ibidem. Pág. 84.

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