¿Quiénes somos?
Nosotros y las elecciones
Cada mexicano es una parte de la sociedad mexicana, y la sociedad mexicana es mucho más que la suma de sus partes, que la suma de los mexicanos. Tú o él o yo somos, de hecho, un partido, en el sentido etimológico[1] del término. Somos una parte de la sociedad mexicana.
Alguien podría decir: es que cada cabeza es un mundo, yo soy único, inigualable, por lo tanto, lo afirmado anteriormente es verdad. Únicos o diversos, de cualquier modo somos o formamos un partido. Veamos. Decir que cada cabeza es un mundo, significa que cada uno tenemos nuestra verdad y que existen tantas verdades como personas. Luego discutiré lo que es la verdad y si tendríamos razón en semejante afirmación; por ahora, me limitaré a argumentar sí es que es cierto que cada cabeza es un mundo, y por lo tanto, si somos únicos e inigualables.
A todas luces, si varios mexicanos sostienen que cada cabeza es un mundo ya formamos parte del partido, sin estatutos, de los que afirman que cada cabeza es un mundo, por lo tanto, no somos únicos ni inigualables, y, por lo tanto, no es verdad que cada cabeza es un mundo. Si tan sólo existen dos que afirmen que cada cabeza es un mundo, ya hay dos integrantes que mienten porque se contradicen a sí mismos en tal afirmación. Dos cabezas ya son un solo mundo, y las restantes cabezas son otro mundo. Yo he escuchado a decenas de personas afirmar tal cosa –y no dudo que casi todos los mexicanos compartan este mismo criterio a todas luces contradictorio, ya que si, digamos, el 50% sostiene que cada cabeza es un mundo, el 50% forman ya un mundo que, paradójicamente afirmando que hay 100% de mundos diferentes, se agrupan queriendo decir que ellos son un mundo, el 50%, y que el 50% restantes, que no afirman esto, son otros mundos–.
Parece cosa de locos. Lo que quiero resaltar, en realidad, es que mires que los mexicanos formamos la sociedad mexicana, que cada uno de los mexicanos formamos a la sociedad mexicana y que ésta, es mucho más que la suma de los mexicanos. Quiero resaltar que tú, mexicano, compartes con todos los demás mexicanos la pertenencia a la sociedad mexicana. Y, mira lo que hay de más al respecto.
Cada uno de nosotros, somos individuos, seres que no podemos ser divididos en cuanto tales y que, si hacemos abstracción de los demás mexicanos, somos únicos, diferentes. Ah, pero eso no es todo, como individuos somos mucho más que eso. Somos seres humanos mexicanos, somos seres sociales, y no podemos escapar nunca del influjo social. Formamos parte de la sociedad mexicana y de cualquier modo influimos en ella, pero a la vez, la sociedad mexicana tiene su influjo en nosotros.
Alguien, ya podría estar perdiendo la paciencia y decirme que nunca ha hecho caso de lo que piense la sociedad, o no le interesa la sociedad sino su vida propia, o que nunca ha hecho nada por la sociedad ni le interesa hacer. Bueno, en realidad no es así, como seres sociales no podemos abstraernos de la sociedad y la época a la que pertenecemos.
¿Eres un ser humano diferente? Te concedo la razón. Si no te has casado, sin querer, formas parte del partido, sin estatutos, de los solterones o solteros. ¿Ya te casaste? Ah, perteneces al partido, sin estatutos, de todos los casados. Fuiste a la escuela, pues bien, no sólo eres de los casados sino que también de los que asistieron a la escuela; terminaste una carrera profesional; las cosas se complican, pero por donde le busques, hay muchos mexicanos con los que estás ligado aunque no lo quieras. ¿Sabes por qué? Porque también, como tú, los de los grupos sociales a los que perteneces, son seres sociales.
Ahora explico la cuestión de la verdad –sólo para no dejar huecos, pero por cierto nos ayudará para todo este rollo de las elecciones y sus fantasías–. Resulta que si digo que tengo la verdad, estaré mintiendo, dado que si otro lo dice, el problema consiste en quién tiene razón. Lo podríamos someter a votación, y algunos dirán que es uno, y otros, que es el otro. La mayoría ¿tiene la razón? ¿Qué tal si no? Que lo decida un tribunal, pero ¿qué tal que el tribunal se equivoca, pues, no está compuesto por mexicanos que dicen, también tener la verdad? Si la minoría pierde y tiene al final la razón, ¿por qué se le castiga conque su razón no sea la razón sólo porque es minoría? Yo digo, entonces, que seamos más justos.
Ahora pregunto, para ya resolver la controversia. ¿Gira la Tierra sobre sí misma? Estoy seguro, si la mayoría de las personas son honestas consigo mismas, tendría que decir que no. Por ejemplo, yo no sé tú, pero yo no siento que la Tierra se mueva sobre sí misma, no me da vértigo por ello, ni siento que me esté moviendo –a modo de un terremoto por ejemplo–. Por lo tanto, el asunto consiste en que la inmensa mayoría, como ha resultado en la apreciación humana, tendría que afirmar que la Tierra no rota sobre sí misma. Además, a esta mayoría la avala el hecho de que miramos todos salir la Luna, el Sol, las estrellas por el Oriente y ocultarse por el Occidente. Los que se “mueven”, girando alrededor de la Tierra son todos los astros. Ante tales “evidencias” todos casi coincidimos en que la Tierra está fija y la circundan. Y, sin embargo, diría, Galileo Galilei: se mueve. Y, en efecto, rota sobre sí misma.
¿Quién decide esto? Nadie, porque resulta, y hasta paradójico es, la verdad no surge de la cabeza de cada quien, de sus apreciaciones, de sus ideas, de sus visiones, de sus experiencias. La verdad esta fuera de nuestra mente, de nuestros deseos, de nuestras apreciaciones, de nuestras teorías, de nuestras explicaciones, la verdad es objetiva, existe independientemente de nosotros, de cualquiera de nosotros, de todos juntos, de minorías o mayorías, de convenciones, de acuerdos; la verdad está en las cosas, y existe en nuestra mente, en nuestras cabezas porque existe afuera, en caso de que nuestra cabeza refleja idealmente lo que existe realmente. Así, pues, ni cada cabeza es un mundo, ni cada uno tiene su verdad.
Supongamos que, en la realidad, Cuauthémoc Cárdenas haya ganado las elecciones de 1988 –digo supongamos, porque yo no sé qué pasó, el sistema se cayó increíblemente según Manuel Bartlett– pero se dio ganador a Carlos Salinas, en este caso hubo fraude y mentira; en caso de ser así, nadie diría que Manuel Bartlett, siendo una cabeza y un mundo, tuvo su verdad. Eso no se llama verdad porque no refleja la realidad, sino mentira. Pero eso es otra cosa que tendremos que revisar más cercanamente o más anecdóticamente luego. Lo cierto es que los mexicanos tuvimos que seguir atenidos a la política económica neoliberal del capitalismo internacional, convertido en nacional. Y todos los mexicanos conformamos a la sociedad mexicana.
La sociedad mexicana –decía, que es mucho más que la suma de sus partes– somos todos. Pero hay más sobre el asunto. Cada mexicano aislado representamos una partícula de la sociedad mexicana y nos hallamos condicionados en nuestros actos a las condiciones de la sociedad mexicana (aunque no lo queramos o no lo sepamos). Pero, por otra parte, disponemos de cierta iniciativa, libre albedrío y autonomía. Todos los mexicanos tenemos cierta actividad, cualquiera que ella sea. En esta actividad nos relacionamos con los demás mexicanos, o con otro mexicano siquiera. Nos formamos de la sociedad a la que pertenecemos, incluso del grupo social o clase al que pertenecemos. Por eso, dependemos del contenido de esta sociedad, de este grupo o clase sociales. Cuando adquirimos conciencia del contenido, de las formas, de las actividades, de las condiciones, de las relaciones sociales, y conocemos a fondo sus causas, podemos intervenir, mediante nuestra actividad, para transformar dichas condiciones, podemos cambiar, transformar al grupo social, o la sociedad entera, de muchas maneras. Esta transformación no necesariamente es ni global ni radical, pero sumadas muchas intervenciones adecuadas, semejantes a la nuestra, podrían convertirla sí en global, sí en radical, y podríamos cambiar las condiciones de nuestras propias vidas concretas.
Cuando nuestro comportamiento es pasivo, es evidente que esto no sucede, aunque la pasividad colectiva también podría convertirse en una causa para los cambios, así parezca paradójico. Por supuesto que cada mexicano, objetivamente hablando, formamos parte de grupos sociales diferentes, estamos unidos con lazos sociales con otros mexicanos en nuestra actividad laboral, participamos de ciertas relaciones sociales, tenemos un papel dentro de la clase social determinada a la que realmente pertenecemos; no podemos escapar de este hecho. Somos burgueses, clasemedieros, terratenientes, profesionales, asalariados, trabajadores campesinos, obreros, pequeñoburgueses, es decir, nos atenemos a estas condiciones objetivas de la división social de la sociedad mexicana.
Independientemente de lo que nos corresponda objetivamente, es decir, en nuestro actuar real en la vida social de nuestro país, por otro lado, subjetivamente, tenemos nuestras aspiraciones, una posición ante el mundo, una visión de él, una ideología, incluso muy diferentes o no correspondientes con las nuestras condiciones objetivas. En este caso, la educación de todas las instituciones sociales del Estado a lo largo de los años, nos han formado con tales y cuales ideas acordes con ellos y podríamos hacernos de una ideología burguesa o pequeñoburguesa, siendo proletariados, por ejemplo. Este hecho es muy común y ni siquiera lo notamos. También podríamos correspondernos con nuestro lugar y papel objetivo (cosa bastante rara en un país capitalista como el nuestro, pero llega a ocurrir repetidas ocasiones), o bien, no tener idea si somos indiferentes o no a este lugar o papel. Este desentendimiento también es muy común dentro de los miembros de la sociedad mexicana.
La sociedad mexicana es la fuerza real sobre la que se levantarán todos los cambios que afecten nuestras vidas de forma positiva (aquí, le hablo al pueblo, a la mayoría, evidentemente no a los pequeñoburgueses ni burgueses). La cohesión social, el llamado tejido social tendrá que recomponerse alejada de los hombres de las clases políticas pero ayudados por muchos de ellos con criterio realmente social mexicano. No lo sabemos pero poco a poco crece el número de asociaciones, de agrupaciones sociales de diferente tipo que se unen para fines de grupo necesariamente, pero que sin quererlo ni saberlo comienzan a cohesionar mucho más a la sociedad mexicana. Al igual que en la formación de los partidos, la formación social mexicana que camine por los siglos siguientes nacerá de las bases y las bases las formamos todos, todos aquellos que por ahora no tenemos oportunidad ni posibilidad de beneficios que hagan de nuestra vida más humana, más cómoda, más confortante y progresista.
[1] De pars partis, que no ha cambiado ni un ápice de significado desde los romanos hasta nosotros, procede el verbo partio, partire, partivi, partitum, que significa dividir en partes o simplemente dividir, partir, y las acciones que siguen a esta división como repartir, distribuir (obsérvese que es un compuesto de tribu; su significado original es "distribuir" un impuesto entre las tribus). La única singularidad digna de mención es la coexistencia de la forma deponente (forma pasiva, pero significado activo), cuyo significado estricto es "partirse", es decir que va implícito en la acción el interés del sujeto en ella; se usa preferentemente para expresar las ideas de repartirse y compartir. Como es frecuente, lo más probable es que la forma deponente sea anterior a la activa. Los diccionarios latinos no traen la palabra partitus, puesto que no existe como tal, ya que no es más que el participio pasado de partio y de partior. http://www.elalmanaque.com/lexico/partido.htm