El costo social del capitalismo
Nosotros y las elecciones
Exceptuando la época de dominio mexica, antes de la conquista española, México, que nació como nación independiente políticamente entre 1921-1924, ha sido capitalista; es decir, a su sociedad no le ha quedado otra, o ha elegido, o no le importa siquiera, y ha estado organizada económicamente como capitalista, atenida a sus consecuencias internas y las condiciones exteriores. ¿Qué significado tiene este hecho para los mexicanos? Todo, o casi todo.
En primer lugar, las relaciones económicas entre los mexicanos, sobre todo las relaciones laborales, son capitalistas. Las relaciones capitalistas son aquellas donde un puñado de mexicanos poseen legalmente (de acuerdo a las leyes, también, capitalistas, que son permitidas) los medios más importantes de producción: recursos naturales, riqueza natural, instrumentos de trabajo, herramientas y todos los elementos que permiten el desarrollo de la economía capitalista: medios de comunicación, educación, política, Estado, etc. Bajo estas circunstancias, los que no poseen los medios de producción, generalmente, tienen que vender su fuerza de trabajo a quienes sí la poseen y son contratados y explotados por aquéllos. El objetivo es que la riqueza material de México solo la reciban quienes poseen esos medios económicos. Estos contratos (cuando los hay) y esta explotación está perfectamente legalizada y se hace natural para todos. Como la mayor parte de la riqueza se distribuye en pocas manos, la mayoría de la sociedad queda marginada de la riqueza social creada por ellos mismos (lo que también está legalizado) y se crea todo un grupo de millones de mexicanos que dependen de su trabajo y de su salario para vivir; millones de los cuales permanecen generaciones en la mayor pobreza y marginalidad, y los miembros de las clases medias gradualmente pasan a engrosar las filas de los pobres, ya que el capitalismo tiende a concentrar la riqueza cada vez en menor número de personas.
Ya de entrada estas consecuencias apuntadas genera descontento[1]. Entonces la burguesía, apoyada en su Estado[2], regula las protestas, y las hace menos antagónicas. El estado, en este caso, se dedica a dar paliativos y crea instituciones sociales en salud, educación, y demás, pero sólo para que los ánimos de las mayorías no se enardezcan a tal punto de hacer posible el estado de cosas capitalista (también se hace esto para preservar la clase trabajadora). Incluso, por ejemplo, hay países capitalistas donde el nivel de salarios por persona son muy grandes comparados con el de los mexicanos. Son sociedades capitalistas más “avanzadas”, pero igualmente atrasadas puesto que están organizadas aún en un régimen económico tan pobre, arcaico, devastador para la humanidad entera donde perdura la explotación y la irracionalidad social. Pero los paliativos de Estado más geniales son los ideológicos, es decir, el grupo de ideas que convencen a pobres, ricos y no tan ricos de que están bien, que los que están mal son los hombres o los gobiernos. Estos paliativos ideológicos se educan desde la escuela, en la casa, en la Iglesia, en la comunidad, en los medios de comunicación. Todas, todas las instituciones de una sociedad capitalista trabajan como verdaderas maquinarias para convencer a los que tienen hambre, por ejemplo, para que se convenzan de que las cosas vienen del destino, de Dios, de las circunstancias, de los malos gobiernos, de las malas personas, etc. Y, llega el momento en que la mayoría de la sociedad, no importa su papel y su lugar dentro de una sociedad explotada, está convencida de que un día saldrá el Sol, que un día cambiarán las cosas, que un día tendrán mejor suerte[3]. Incluso, nos encontramos con pobres, con líderes obreros o de trabajadores, con personas de buena fe mu pobres y que toda la vida sufren por la carencia de dinero, defendiendo rabiosamente el capitalismo. La mayoría piensa que así nació, y así morirá y que las cosas no cambiarán, entonces, la inercia les hace seguir una vida, de pobreza y apuro, pero vida al fin.
Cualquiera un poco consciente de estos hechos notará fácilmente que el capitalismo, para las mayorías, no es la organización social y económica adecuada. Antes había, por ejemplo, una especie de “esperanza” en que el socialismo nos salvara, pero todos esos ensayos de una nueva organización social fracasaron porque los hombres, los líderes, y sobre todo los pueblos, no comprendieron muchísimas cosas que debieron cuidar. Pero ahora, es difícil recurrir a esta “esperanza”, pues para cambiar la sociedad cada día se crean mayores dificultades, sobre todo la del convencimiento, es decir, de sacar a muchos de esa ideología capitalista paradójica. Concretamente, lo que hoy sí es un hecho es que esos Estados capitalistas, organizados, como el nuestro como una república no van a cambiar ni un ápice si uno deja de votar, si vota por tal o cual candidato, partido o célula. Y eso nos lo enseña fácilmente la historia[4].
Los mexicanos ni siquiera nos imaginamos el costo social de estar organizados bajo el régimen capitalista, pero los costos sociales son abrumadores. ¿A qué llamamos costo social? Simplemente es el precio material que debe pagar la sociedad entera por sostener un régimen, como el capitalista, en donde la riqueza social se concentra en pocas personas. Cada proceso de producción, cada manufactura de una mercancía, cada acción para permitir la explotación y la mayor ganancia al menor costo (para el capitalista) se traduce en un costo de menor ganancia y confort y vida futura humana para la mayoría. Pero el costo social del capitalismo no sólo se refleja de la economía, sino en todas las relaciones sociales dentro del capitalismo: Estado (sostener, por ejemplo, un Estado burócrata, que trabaja en contra de las mayorías siempre), Educación, condiciones culturales, condiciones naturales, etc.
En todos los órdenes de la vida social mexicana el capitalismo proporciona ejemplos ilustrativos de los costos sociales de que exista una sociedad organizada en este régimen. Y, no podría ser de otro modo. Ya que la burguesía es la que se apropia de la mayor parte de la riqueza material y espiritual creada por los trabajadores explotados; cada empresa puesta en marcha por uno o varios capitalistas crea un costo social enorme al resto de la sociedad, pues de lo que se trata no es de que la riqueza se reparta por igual, sino a que los trabajadores y el resto de la población que no posee los medios fundamentales de producción y mercado, no reciban más que un salario o una cuota del salario y que el capitalista se quede con el resto, con el capital extraído en el proceso del trabajo.
Como el capitalismo pregona la libre empresa, la libre competencia, además de que es la ley de la selva económica, hace que los pequeñísimos propietarios de medios de transporte o tierras, digamos, también participen de producir costos sociales muy grandes con tal de obtener unos cuántos beneficios económicos. En la calle, todos los días: tenderos, poseedor de edificios, prestamistas, microbuseros o taxistas propietarios, y demás, para obtener para ellos unos cuántos beneficios deterioran el ambiente, engañan al público, abusan de él, producen gastos que todos tenemos que pagar.
En este orden de cosas, ya ni siquiera pensar en los impuestos, pero el resto de la sociedad, que somos casi todos, tenemos que pagar, tarde o temprano, los costos de mantener una clase social parasitaria. También lo pagan nuestros recursos naturales, nuestros bosques, nuestros yacimientos petroleros, nuestro mar, nuestros ríos, nuestros animales y todos los aspectos que son nuestros, pero que de pronto, desde hace muchos años, nos han arrebatado impunemente. Obviamente, los gobiernos, y en general todo el aparato estatal burgués, crea la ideología que enseña muy bien, acerca de que estos males sociales son consecuencia de que nos portamos mal, de que tiramos basura todos. Es penoso decirlo, pero sería más penoso callarlo, pero hay muchos mexicanos de bien que culpan a la sociedad del deterioro ambiental, cuando no mencionan la verdad de que es la burguesía la responsable. Nosotros somos responsables muy indirectos al permitir todavía, que en pleno siglo XXI exista una organización social tan arcaica y tan inútil para la sociedad misma. Pero todo es asunto de la ideología, de las ideas que velan la verdad real de una sociedad como la mexicana.
Por ejemplo, la burguesía o el monopolio automotriz nos vende un auto que necesitamos para cumplir nuestro trabajo con otro burgués o monopolio que nos explota. Ese automóvil es indispensable para nosotros dado que el estado sólo nos proporciona un transporte social muy pobre. Así, al auto le ponemos gasolina y contaminamos. El monopolio automotriz no paga nada más que lo que le corresponde por producir y vender ese vehículo, pero nos culpan de contaminar. Ya no sólo nos explotan, sino que también nos culpan del deterioro ambiental. Y puesto que el auto es de combustión interna crea calor, aumenta la temperatura de las ciudad y se cambia, gradualmente, el clima de la región. También nos culpan del calentamiento global. Los burgueses del monopolio automotriz siguen su vida rutinaria de diversión y nadie los señala siquiera de rapiña, de deterioro. Y somos muchos, y el Estado burgués investiga para hallar más petróleo, y lo encuentra, contamina los mares, las especies marinas, deteriora el ambiente, todo para proporcionar gasolina a nosotros y a otros países, de tal modo que siga el proceso de deterioro. Avanza la ciencia se crean los autos eléctricos, pero los monopolios de los automóviles con motor de combustión interna, jamás permitirían su avance dado que quebrarían; el Estado los apoya.
Los industriales de todos los ramos contaminan mucho más con sus procesos productivos, quien directamente contamina no es el burgués sino el trabajador que realiza ese proceso productivo; es explotado también, y también es culpado de contaminar, nos meten a un cajón muy ajeno, pero todo para ocultar lo que significa el capitalismo para todos. Nadie pone en tela de juicio al capitalismo para desaparecer porque tal vez, dentro de la ideología pequeñoburguesa, se piensa que las ciudades, habitadas por más pobres que ricos producen basura tal que son responsables de deterioro. En efecto, pero resulta que nosotros no producimos las bolsas, los empaques, las cubiertas, las mercancías contaminantes, y también resulta que no obtenemos una ganancia, mas que satisfacer el valor de su uso, al consumirlas, y sí la burguesía, que agrega a sus arcas mayor capital cada vez.
A las cosas llamémosles por sus nombres. De la destrucción de la capa de ozono, de los cambios climáticos, de la lluvia ácida, de la pérdida de la biodiversidad, del sobrecalentamiento de la Tierra y del destino de los residuos tóxicos y nucleares, tiene la culpa la burguesía, los capitalistas organizados o no en monopolios, y no el pueblo explotado, ni siquiera las clases medias que obtienen una cuota de poder del que la sociedad mexicana esté organizada en forma capitalista.
Los capitalistas desean cada vez mayores ingresos, mayor capital, ser más poderosos económicamente y robar del resto de la sociedad la riqueza social creada por ella. Y para eso practican el despojo, la rapiña, la sobreexplotación, la manipulación, y eso es lógico dentro del capitalismo. Por ese objetivo de una mayor ganancia al menor costo para ellos, por todos los medios intentan desarrollar los medios de producción, los instrumentos de producción, de mercado, desarrollan las fuerzas económicas. A cada nuevo desarrollo de las fuerzas productivas, incluido el ser humano que trabaja y produce, hay un deterioro en el ámbito humano; no es gratis, y ellos no pagan el precio de ese deterioro. A la larga quien lo paga o tendrá que pagar es toda la sociedad. Si estuviéramos organizados de un modo más acorde con los objetivos humanos, cada avance tecnológico sería pensado para favorecer a todos, y no sólo a unos cuántos. Ahora, no debemos esperar decisiones realmente sociales en los asuntos de gobierno; sólo fíjese muy bien –lector–: todos tienen como objetivo preservar a los capitalistas en el Poder.
¿Usted cree que le importa al capitalista o al Estado que hace oficial la explotación de algún recurso, cuidar para los nietos ese recurso? Sabe que no le importa nada. Así que la solución de los costos sociales tan inútiles y torpes del capitalismo solo desaparecerían, no si somos más conscientes, no si enseñamos a nuestros hijos a cuidar no tirar basura, sino solo si desaparece el régimen capitalista y es sustituido por uno que nos convenga a la mayoría. La misma ideología burguesa pregona que los bondadosos, que los productivos, que los mejores somos más; y en efecto, somos mucho más que los burgueses, muchos, pero muchos más.
Ahora –lector– fije su atención. A pesar de que supuestamente el capitalismo nos ha lanzado a un nivel de desarrollo tecnológico sin precedentes, a pesar de las enormes inversiones por parte de los Estados en darnos paliativos, beneficios sociales, resulta que los niveles de subdesarrollo, explotación y pobreza son cada vez mayores, además de que las diferencias entre los países imperialistas (casi agrupados en aquellos países que se reúnen anualmente para repartirse el mundo o crear estrategias de mayores ganancias) y los países pobres y explotados como México, muy subdesarrollados industrialmente, se agudiza día con día.
Los países explotados por los imperialistas y que sus riquezas naturales han sido saqueadas por las empresas capitalistas de los países imperialistas, han reclamado que se detenga la rapiña, el deterioro, que se piense en que no es justo un avance a ese costo. Y sistemáticamente, sobre todo el país imperialista y policía mundial actual, los Estados Unidos de América, se han negado a la discusión. Por supuesto no le importa lo que los demás piensen. Lo único que pretende es llevar la riqueza a su territorio. La ONU en realidad, y como es lógico, no hace nada al respecto ni puede hacer. Prefiere el descontento de la mayoría que la desaprobación del imperio más importante en la actualidad. En el siglo XX, leía en un viejo libro norteamericano (traducido) de recursos naturales, los Estados Unidos ha consumido más energía que la humanidad en toda su historia.
Finalmente, la pobreza es el mayor costo social del capitalismo. Pero la pobreza es inalienable a este sistema de producción, por lo que jamás podrá ser erradicada dentro de su marco de existencia ni de desarrollo. Todos los presidentes mexicanos que he conocido han prometido luchar en contra de la pobreza, y qué cree: cada día hay más pobres en México.
[1] A veces es un descontento que no se sabe a ciencia cierta de dónde surge, porque obviamente muchos mexicanos no tienen una idea que viven en un régimen capitalista. Pero, seguramente provienen de un sentimiento de impotencia cuando llegan apuros económicos, hambre, y otros.
[2] Institución social para preservar las condiciones económicas de las clases en el Poder, cuyos actos van desde crear paliativos para evitar el descontento generalizado hasta reprimir las protestas cuando ya se hacen muy peligrosas.
[3] La Iglesia, las Iglesias prestan una gran ayuda ideológica a los Estados capitalistas, y son adaptadas según la época histórica para el engaño y sugerir el conformismo (“es más fácil que un camello pase por el ovillo de una aguja que un rico entre al reino de los cielos”).
[4] El verdadero cambio sería acabar con el capitalismo y, en México, no hay ningún partido en la actualidad que proponga tal hecho; claro, si llegara a proponerlo la gente se asustaría y jamás votarían por ese partido, por eso no lo hacen. Aunque sí hay diferencias, de acuerdo con cierta trayectoria de los partidos y sus mejores representantes de hacia dónde iría el capitalismo con tal o cual gobierno. En otra parte veremos el asunto curioso que los políticos llaman “alternancia”, de mayor costo social que el dominio fuerte de un gobierno o partido.