La Filosofía y el problema del espacio en Geografía
Geografía dialéctica 5/
Era indispensable el aislamiento del objeto de la Geografía, sobre todo, porque, una vez establecido éste, tenemos todos los elementos suficientes para entender que el problema del espacio es el problema gnoseológico cardinal de la Geografía.
Al abstraerlo de todos los demás, quitando las telarañas que nos impedían verlo, se clarifica que cualquier problema de la Geografía se subordina al problema del espacio. Por lo tanto, de aquí en adelante, evitando cualquier divagación muy común en la teoría geográfica de nuestro tiempo, se abordará el estudio claro y directo de dicho problema, con la condición de que, si lo planteamos correctamente, habremos ganado un gran trecho en su solución científica.
Solucionar exhaustivamente la problemática científica del espacio en la Geografía, antes que cualquier otra cosa, presupone solucionar dos cuestiones, a saber: la de la realidad del espacio y la de su naturaleza. Pero ya que la segunda cuestión depende del carácter de la primera, por ahora debemos centrar nuestra atención en el problema de la relación del espacio y la materia, es decir, en contestar a la pregunta clave: ¿es real el espacio, existe fuera e independientemente de la conciencia y, por lo tanto, está relacionado con la realidad objetiva, con la materia; su conocimiento es el reflejo subjetivo de la realidad objetiva, o constituye pura abstracción que sólo existe en nuestra conciencia y no en la materia?
Para ello se impone la realización de un pequeño viaje al campo de la ciencia de las leyes más generales de la naturaleza, la sociedad y del pensamiento, es decir, a la Filosofía. Y, es más necesario, por cuanto que la Filosofía ha solucionado los problemas generales que a un científico aislado le llevaría años y grandes esfuerzos descubrir, por una simple razón: se dedica especialmente a generalizar los resultados positivos de todas las ciencias, pero, además, porque elabora la teoría más general del conocimiento científico del mundo.
Los geógrafos positivistas de nuestro tiempo creen liberarse de la Filosofía que ellos llaman especulativa —o, “teoría abstracta”, “inútil” y “sin sentido”—, convenciendo a sus discípulos —claro, para salvaguardar sus intereses personales y los de las clases que representan— de que la única filosofía científica es la de cada ciencia concreta, sin “teoría”, sin “especulación”. Esto es el positivismo, al que incluso, en esta etapa histórica, aspiran ya muchos geógrafos otrora “marxistas”. Pero es falso e incompleto de cabo a rabo porque nadie puede abstraerse de la filosofía —sólo en la pura fantasía—, nadie puede quedar al margen del problema fundamental de la filosofía, del problema de las relaciones entre el pensar y el ser, entre la materia y la conciencia, pues nada existe fuera de la materia y la conciencia. Por ello, quiérase, sépase, reconózcase o no, de cualquier modo, en toda actividad humana, el hombre no puede dejar de resolver el problema principal de la filosofía y, por tanto, de toda ciencia, porque no existe nada que no sea materia o idea.
Así, la cuestión gneoseológica verdaderamente importante en la Geografía es la que a final de cuentas divide a los geógrafos en dos direcciones históricas fundamentales contrapuestas: materialista o idealista.
La cuestión a la que nos referimos no consiste en saber cuál es el desarrollo relativo del conocimiento del espacio terrestre, ni si sirve o no para “hacer la guerra” como intentó validar el funcionalista y confusionista Yves Lacoste, pues cualquiera un poco consecuente sabe que el conocimiento verdadero objetivo —y, sólo si es objetivo—, puede servir como fuerza productiva directa y, si no, no sirve para nada más que para ocultar la verdad objetiva, detalle que pasan por alto los Yves Lacoste. Esta cuestión consiste en saber si el origen de nuestros conocimientos geográficos sobre el espacio terrestre está en las leyes objetivas espaciales de la naturaleza y la sociedad, o en las propiedades del pensamiento humano, en la capacidad que tiene el pensamiento de conocer ciertas verdades apriorísticas. Con otras palabras, ¿el espacio tiene relación objetiva con la materia y, por lo tanto, con su conocimiento, con su reflejo, o tiene una relación únicamente subjetiva con la materia?, ¿el espacio está en el pensamiento porque existe objetivamente en la realidad o, existe en el pensamiento porque existió antes en este último, porque fue creado por él?
Dado que fuera de la materia y la conciencia no existe nada, no sería posible definir los conceptos de materia y conciencia —espacio y su conocimiento— más que subrayando lo que es considerado como primario y secundario entre ellas. Debido a esto, todos los filósofos, todos los científicos, son materialistas porque consideran a la materia como lo primario, como la realidad objetiva o a la realidad que existe fuera e independientemente de la conciencia, y a esta última como el reflejo de la primera, como lo secundario, como lo dependiente de la materia (“no hay pensamiento sin materia, sin lo pensado”, “no existe pensamiento separado del cerebro”); o, son idealistas, porque consideran a la conciencia como lo primario y a la materia como lo secundario, como lo derivado o lo que no existe sin la conciencia (“existir significa ser percibido”: Berkeley, “saber pensar el espacio...”: Lacoste).
Los geógrafos, sin excepción, en su actividad cognoscitiva resuelven el origen de su conocimiento considerando como el fundamento, bien a la materia (los materialistas) bien a la conciencia (los idealistas), de ahí que necesariamente se sitúen en el materialismo o en el idealismo filosóficos. Por lo tanto, el problema del espacio, el problema gnoseológico cardinal de la Geografía, en primera instancia, se reduce a resolver si el espacio es una realidad objetiva, si esta última es la fuente del conocimiento geográfico, o si es el producto de las ideas, del pensamiento, de cada persona, de varias, o de las sensaciones.
Los geógrafos dialéctico materialistas resuelven que el espacio es una propiedad inseparable de la materia, inherente a ella, la forma espacial en que existe necesariamente la realidad objetiva, la realidad que existe fuera e independientemente de nuestra conciencia. Resuelven que es posible el conocimiento del espacio; que este conocimiento es el reflejo, la imagen subjetiva, de la espacialidad de la realidad objetiva. Que esta solución se distingue de la materialista antidialéctica —a veces llamada “metafísica”— porque, aunque también ésta considera al espacio como una realidad objetiva y a su conocimiento como el reflejo ideal de esa realidad, le asigna propiedades no inherentes a los cuerpos, a la materia, sino que lo concibe fuera e independiente de esta última; es más, en esta perspectiva, que dominó a las ciencias naturales hasta la aparición de la filosofía marxista, la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, el espacio no es sólo independiente absolutamente de la materia sino que, además, ésta se subordina al espacio: “materia es todo lo que ocupa un lugar en el espacio”.
Todo idealismo, por el contrario, resuelve que el espacio o es independiente de la materia o es lo mismo que ella, pero ni a uno ni a otra le concede una realidad objetiva, es decir, que exista fuera e independientemente de nuestro pensamiento. Y, si le concede una realidad objetiva al espacio es porque tiene el arma de la idea de Dios, los considera como derivados de la conciencia o de un espíritu superior, derivados de sus propiedades. En este caso, el espacio es un producto de la actividad de la conciencia, o de Dios, y, en un idealismo más sutil, como el que existe en muchos geógrafos, el espacio es también un producto de la actividad humana entendida en sentido subjetivo, es decir, como la conexión indisoluble del “YO” y el “medio”.
Además, si tomamos en cuenta que el problema del espacio es un problema particularmente complejo por su misma naturaleza, algunos geógrafos caen en el eclecticismo, en el método de mezclar teorías diametralmente contrapuestas. Este eclecticismo se manifiesta concretamente en que conciben a los cuerpos desde el punto de vista materialista, mientras que al espacio de estos objetos, lo consideran desde el lado del idealismo.