Los geógrafos "marxistas" distorsionando el conocimiento geográfico

Publicado en por geografiadialecticaymas

La Geografía de los “marxistas” 3/

Su afán politiquero y no científico
Por José C. Martínez Nava

 

Existen cientos de geógrafos que o se autodenominan o se aparentan ser marxistas, es decir, hacedores (ellos ni lo saben siquiera o no lo toman en cuenta) del desarrollo y concretización de la filosofía marxista: el materialismo dialéctico. Y, al contrario de lo que harían sus maestros Marx, Engels y Lenin se lanzan al rescate de “otro punto de vista” más politizado, más enmascarado en las genuinas discusiones científicas dentro de la Geografía, y prefieren mejor leer sobre el materialismo histórico (por cierto, parte especial en el análisis social del materialismo dialéctico) y hacer partidismo dentro de una ciencia, pero con un estilo politiquero, que raya en lo absurdo y que coquetea con todos los idealismos. Al final, ni combaten a nadie ni instruyen a ninguno puesto que no resuelven los problemas clave de su ciencia, pues su partidismo termina en realidad en mera “grillería” carente de argumentos científicos y muy propensa a elevar los ánimos nada más de sus lectores.

 

Ellos, al estilo del funcionalista extremo Yves Lacoste, prometen que la Geografía es un arma para la guerra, y piden que eso se crea, olvidando las razones por las cuáles la Geografía es un saber certero, un instrumento del conocimiento científico convertido en un arma para la guerra. ¿Por qué es un arma para la guerra? ¿Sólo porque lo afirman muchos geógrafos? ¿Sólo porque lo utiliza la burguesía para conservar el poder político y económico en las sociedades capitalistas? ¿O es un arma para la guerra porque es un saber certero, científico sobre el espacio terrestre? Bueno, sucede que estos geógrafos aparentemente marxistas, pero muy alejados del marxismo, no se notan nada interesados en descubrir el por qué el conocimiento es un arma para la guerra si es o no es un conocimiento verdadero. Es en el proceso del descubrimiento de la verdad objetiva donde ellos prefieren decir que no importa eso, sino lo importante es que sirve, y si sirve es verdadero, justamente afirmando lo mismo que los ideólogos de la burguesía que en Filosofía se conocen como pragmatistas.

 

En su artículo “Estudios sobre el terreno”, dos geógrafos supuestamente partidarios del marxismo, afirman que “existen individuos conscientes del papel que juega la Geografía como instrumento de poder, y se dedican también “conscientemente” a deformar la información, traduciéndola en una simple enumeración de hechos y fenómenos”[1]. Pues bien, si esos informadores deforman la verdad qué bueno que se les denuncie, pero también ojalá que se les argumente científicamente el por qué la deformaron, pero además, y sobre todo, los geógrafos científicos como ellos deberían de proporcionar las verdades del conocimiento geográfico del espacio terrestre, pero nada, ellos mismos creen en un espacio “social” que nunca nadie ha visto ni ha sentido ni ha estudiado, sólo los geógrafos que deforman a la ciencia.

 

Aún argumentan que “como resultado… los iniciados en la Geografía, tengan una visión falseada de la realidad, y además que en el momento de aplicar sus conocimientos lo hagan tan deficientemente que no producen –aún cuando así lo piensen- sino que reproducen el conocimiento, como resultado lógico de la inexistente vinculación teoría-praxis”[2]. Es decir, que gracias a que otros falsean la información el geógrafo sólo reproduce sus conocimientos a manera de enciclopedia, sin crear nada, sin descubrir nada. Claro, y cómo lo van a descubrir si ni siquiera saben lo que estudian, si ni siquiera han definido su objeto de estudio, ni se ha comenzado un proyecto teórico de conclusiones acerca del espacio terrestre, único espacio físico y real. Ah, pero también estos autores “marxistas” atinan: “La investigación geográfica debe tomar otro curso, debe orientarse hacia la verdadera producción de conocimientos”[3].

 

Pero cómo descubrir las verdades objetivas del espacio terrestre. ¡Claro, por medio del trabajo empírico! ¿Y, lo teórico y las conclusiones, y la abstracción geográfica? Y quieren ser marxistas, y no atinan. “Las investigaciones geográficas a nivel nacional –nos dicen-, no plantean muchos problemas de campo: ¡lo evaden! A nivel regional el geógrafo tiene varias ventajas que se inician con el reconocimiento de la cartografía temática y sinóptica del área a estudiar. Si la investigación está orientada a ‘lo físico’, la transposición de cartas de los conjuntos naturales con la de los accesos humanos {ya están estudiando cosas y no espacio}… Este mismo nivel espacial –el regional- de la investigación orientada hacia “lo social”, ofrece sin embargo cierto grado de dificultad”[4]. Como es evidente ya dejaron de estudiar al espacio aunque lo sigan mencionando.

 

Y veamos cómo consideran al espacio en forma empírica (una pena para alguien que quiere ser marxista): “Con respecto a la cuestión ‘social’, el primer problema que tiene el geógrafo al entrar en contacto con la gente que habita el espacio a estudiar, es el de cómo considerar a esos individuos, los informantes: ¿Como ‘objetos de estudio’? o simplemente como agentes que guardan una información que no es obtenida en el gabinete y que contribuye a aprehender el espacio. O finalmente como seres humanos que habitan un espacio y sufren una problemática propia; que son los verdaderos actores en relación con la naturaleza, transformándola y dando lugar a un espacio con sus manifestaciones específicas”[5]. Aquí ya apareció la pobre concepción empírica del espacio, es decir, como una creación social. Imaginemos a un físico cuántico o relativista leyendo esta concepción del espacio, es decir, que el espacio se crea, se forma o aparece, por las relaciones naturaleza y sociedad. Y sí, el espacio aparece ahí, pero en sus propiedades físicas, pero incluso, esas propiedades son semejantes en esencia a las propiedades de un espacio existente sin la humanidad.

 

Y luego, se lanzan a lo “marxista” a esbozar puntos de vista agitadores y no por ello muy interesantes, aunque también distorsionados del meollo del asunto de la ciencia geográfica. “Nos atrevemos a decir –comienzan su jerigonza interminable a lo “marxista”- que la mayoría de los geógrafos con pretensiones ‘apolíticas’ caen en las dos primeras situaciones mencionadas anteriormente. Por otra parte, es evidente que la consideración de los hombres que habitan el espacio {no quieren que se les escape el espacio} simplemente como agentes de información (haciendo a un lado su problemática y abocándose meramente a las formas en que éste usa y modifica la naturaleza) conduce al grave riesgo de no aprehender al espacio, sino sólo describirlo.

 

La información recopilada en el campo –siguen los agitadores no científicos-, es información en la mayoría de los casos ‘de primera mano’ que se obtiene no para revertirla para el seres humanos del espacio estudiado, sino para ponerla a disposición de los gobiernos, la iniciativa privada, las transnacionales, etc. Al pasar a estos planos los resultados de la investigación, el geógrafo ya no es un ‘apolítico’ sino un agente de información también, que la brinda a los aparatos represores para facilitar su intervención sobre una realidad donde obtiene el mayor beneficio en detrimento de esos ‘objetos de estudio’. Y entonces aquel geógrafo ‘apolítico’ se adjudica una posición política bien clara.

 

El geógrafo del campo mexicano –siguen en su agitación política-, debe ser consciente de ello, debe considerar a los hombres que viven en su espacio de estudio, como seres humanos que nos brindan el mejor de los apoyos: su casa, comida y la información y, sobre todo, su confianza. Y debe entender que esos hombres, con su trabajo de cada día, mantienen y sostienen la existencia de nuestro país y que eludir ser partícipes de sus problemas, cuando se indaga sobre ellos, es simplemente traición {ya olvidaron al espacio cuando era su objetivo, ahora siguen con su agitación}. Algunos geógrafos intentarán defenderse arguyendo que en los escritos finales de su investigación, de cuyo destino no se hacen responsables puesto que no lo controlan, se manifiestan en contra de las formas de apropiación –por ejemplo- del espacio y explotación de sus habitantes. Pero… ¿qué diferencia existe entre tales manifestaciones –que las más de las veces caen en un discurso panfletario- y cualquier discurso de los demagogos del sistema? Nosotros creemos que ninguna.

Creemos que lo importante –terminan su demagogia los autores- y, en esa medida, las formas de corresponder a la acogida de las personas del espacio en estudio {perdieron al espacio}, es desenmascarar las formas de acción de los latifundistas, del Estado y los aparatos represivos, en fin, de las formas en que el capitalismo actúa para sojuzgar a los habitantes. Además de revertir esa información ya analizada en el gabinete, en forma de mapas, cuadros y escritos, a los hombres del espacio estudiado y hacerlas extensivas a las organizaciones campesinas independientes, los sindicatos democráticos, etc.”[6]. Hasta aquí ellos.

 

No es que no estemos de acuerdo con denunciar las contradicciones y formas en el capitalismo, claro que hay que hacerlo, sobre todo llegando a la verdad objetiva. Contra lo que no podemos estar de acuerdo es con distorsionar el objetivo dentro de una ciencia, y en lugar de hallar dicha verdad objetiva esclareciendo las propiedades y relaciones espaciales, hacer discurso político y se pierda dicho objetivo. Así, se da un enorme sonrisa de bienvenida a los idealistas que hoy invaden la Geografía y los, aparentemente marxistas, caen en su juego científico y filosófico.



[1] En Bassols Batalla, Ángel (coordinador). Realidades y problemas de la Geografía en México. Editorial Nuestro tiempo. Colección Grandes problemas nacionales. Artículo: Macías M., Manuel y Niño M., Ricardo. Estudios geográficos sobre el terreno. México, 1982. Pág. 53.

[2] Ibídem. Pág. 53.

[3] Ibídem. Pág. 53.

[4] Ibídem. Págs. 53-54.

[5] Ibídem. Pág. 55.

[6] Ibídem. Págs. 35-36.

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