El antropologismo en Geografía

Publicado en por geografiadialecticaymas

La Tierra como "hogar del hombre"

Exageración antropológica del idealismo
Por José C. Martínez Nava

Nuestro planeta, la Tierra, es, evidentemente, el planeta, el único conocido con certeza, en donde ha proliferado la vida, y también el único donde la vida se ha desarrollado al grado social humano. Esto no es ningún secreto, no es ni siquiera una sentencia científica brillante; simplemente es una conclusión lógica. Pero, los geógrafos de los últimos siglos se han empeñado en subrayar que nuestro planeta es "el hogar del hombre", supuestamente para demostrar que por eso su campo de estudio (el espacio geográfico) es la Tierra sí, pero porque es el ámbito del desarrollo humano.

 

Esta conclusión es un antropologismo extremo y una deducción idealista subjetiva de las más necias. Simplemente es buscar pretextos absurdos para evitar la definición rigurosamente científica del espacio terrestre, del campo de estudio de la Geografía. Ellos, por un lado, se empeñan en afirmar que estudian los lugares, la organización espacial habitada y ordenada por el ser humano, y por otro lado, a la hora de la verdad, no investigan eso, sino se centran paladinamente en el estudio de los grupos sociales y de todos los elementos relativos a estos grupos sociales.

 

No estudian las propiedades genuinamente espaciales, geométricas, fundadas en las propiedades físico materiales, porque sienten que su ciencia no vale nada, pero es al contrario; el valor de la Geografía, precisamente, radica en el estudio de estas propiedades espaciales como realidad objetiva.

 

W. L. Handyside, por ejemplo, escribía: "la acción de los ríos como tal no es geografía; se convierte en ella cuando es estudiada en su relación con el hombre". Y como muchos geógrafos idealistas, luego de afirmar que la Geografía estudia las áreas, añade: "no puede haber una descripción razonada y explicativa de las áreas" sin tener en consideración la acción de los seres humanos. Así, otro ejemplo lo tenemos en las opiniones idealistas de J. F. Unstead, quien consideraba que las formas particulares del terreno son temas de la geomorfología, y que "sólo caen dentro de la esfera de la geografía cuando se las incorpora en una investigación del complejo en que ocurren, como la naturaleza del suelo o de la vegetación o las facilidades u obstáculos que presentan a las actividades y asentamientos humanos".

 

Este afán superlativo de emplear el factor antropológico corresponde a una filosofía decadente que señala que lo único importante es el resultado y no el proceso. El ser humano transforma un objeto material. Lo transforma porque conoce sus propiedades, sus modos de movimiento material, sus peculiaridades materiales. Dichas peculiaridades no desaparecen al ser transformado, al contrario se conservan todas sus propiedades naturales, lo único que ha sucedido es que el ser humano ha aprovechado dichas propiedades para crear un objeto no natural, para transformarlo en otro que lo beneficia. El medio transformado sigue teniendo las mismas cualidades, lo único que pasa es que ahora ese medio es aprovechado por los seres humanos para su bienestar. El geógrafo idealista cree que por el hecho de que el hombre transforma la naturaleza, esta naturaleza, la segunda naturaleza desaparece y entonces adquiere propiedades humanas tales como las relaciones sociales, las fuerzas productivas, u otras.

 

Como decíamos este afán de antropomorfizar la naturaleza es consecuencia lógica de no tener una teoría sólida, consecuencia de un verdadero proceso científico del conocimiento del espacio geográfico. Entonces, el geógrafo idealista se pierde en asuntos inútiles como la solución del llamado determinismo geográfico, del posibilismo y del probabilismo, todas ellas discusiones sociológicas y no meramente geográficas. Entonces apela a los conceptos de medio, de medioambiente, de medio circundante, de paisaje, de esfera geográfica, etc., que sustituye tramposamente al concepto geográfico por excelencia: espacio terrestre.

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