Pedagogía concreta
Crítica a las pedagogías idealistas
Las pedagogías dominantes y propuestas como nuevas y fascinantes en la educación mundial, casi globalizada, por ser global el interés de las clases capitalistas para elevar sus ganancias o asegurarlas, en general son pedagogías idealistas, alejadas de la ciencia e interesadas por ocultar la realidad social predominante, la verdad objetiva y, también, cuidando de que una pedagogía dialéctico materialista se concretice, representando un peligro a dichos intereses capitalistas.
En la Filosofía -como en la misma Pedagogía, puesto que su problema fundamental radica en la solución científica del verdadero proceso del conocimiento en el proceso de instrucción y educación (de enseñanza y aprendizaje) en la clase-, sobre todo en una de sus formas, la teoría del conocimiento, se brindaron y brindan gran atención al estudio, en general, de la actividad cognoscitiva del ser humano, a sus objetivos y resultados. Es el proceso del conocimiento lo que se quiere resolver, caracterizándolo. En las pedagogías[1] cercanas al materialismo monista se hacen intentos por captar sus leyes de desarrollo objetivas, y en los idealismos estas leyes sólo se reducen a la actividad de la conciencia. Hay algunas otras tendencias educativas las cuales juegan bien al materialismo, bien al idealismo y son dualistas, o bien, separan el pensamiento de la materia de modo metafísico, absoluto y mecánico y se convierten en eclécticas. Pero todas desean dar su opinión para aplicarlo en la práctica educativa, acerca del proceso del conocimiento y fundar o apoyarse en una teoría del conocimiento. A final de cuentas, las pedagogías idealistas, caen tarde o temprano en alguna de las dos corrientes filosóficas históricamente establecidas acerca de la solución del problema del conocimiento: el empirismo y el racionalismo. En este sentido las pedagogías idealistas se dividen, en sus teorías del aprendizaje, en: pedagogías empiristas y en pedagogías racionalistas.
Los representantes de las pedagogías empiristas, que siguen al empirismo filosófico, fundamentan el papel decisivo de los órganos sensoriales en la distinción de los objetos y en la obtención del conocimiento verdadero, del aprendizaje que proponen en los alumnos. Estudian, desarrollan, proponen y aplican las posibilidades gnoseológicas de los órganos o los aparatos sensoriales, sus antecedentes o premisas y las condiciones en las cuales es posible obtener datos sensibles objetivos. Así, proyectan una propuesta educativa mediante diversos métodos empíricos, directos, sensoriales del conocer.
Los representantes de las pedagogías racionalistas, que siguen al racionalismo filosófico, absolutizan, a su vez, otro rasgo del conocimiento real: el papel del pensamiento lógico en la obtención del conocimiento objetivo verdadero. Con este fin realizan estudios para hallar las posibilidades gnoseológicas del pensamiento, así formulan reglas, casi siempre abstractas, que satisfagan la secuencia lógica y el tratamiento exacto de los conceptos en el proceso del conocimiento. El conocimiento, desde el punto de vista de los racionalistas, comienza, no con las sensaciones, sino con los objetos exactamente formulados y los principios que permiten someter dichos objetos a un estudio sistemático y obtener un conocimiento auténtico de ellos[2].
Pese a que muchos de los representantes de ambas corrientes pedagógicas sean espontáneamente materialistas -y tal vez por ese hecho de su espontaneidad-, ambas posiciones son idealistas a final de cuentas, ya que ambas analizan el proceso del conocimiento solamente como una forma particular de la actividad de la conciencia; sus conclusiones y aplicaciones son incompletas, parciales, unilaterales, científicamente pobres, abstractas, ya que absolutizan como único un sólo momento del proceso real del conocimiento verdadero: unos, la parte empírica; otros, la parte intelectual. Lo mismo puede decirse de algunas variantes particulares eclécticas y antidialécticas (mecánicas). Ambas corrientes idealistas “partiendo de las leyes y propiedades reales de la actividad de la conciencia, colocan a ésta en la base de la explicación del proceso del conocimiento. Analizan la actividad cognoscitiva de la conciencia como objeto de la gnoseología”[3]. Ninguna de las dos es una aberración total; ambas son certeras, sólo como indicación de la importancia de estos rasgos de la conciencia y del proceso del conocimiento, pero nunca como ellos pregonan, que su teoría es la verdadera.
Si planteamos el problema de si en la sola conciencia están dadas todas las premisas para el verdadero conocimiento por el ser humano de la realidad, resultará que no se contemplan muchos factores importantes en el proceso del conocimiento real, concreto, ni mucho menos se contempla al ser humano como ser social, que tiene una vida efectiva, una vida social, y ni mucho menos se contemplan los factores sociales, ni la práctica social ni la conciencia social, ni el devenir histórico del individuo ni de la sociedad. Estas corrientes partieron y parten de que todas las premisas condiciones por ellos contempladas están contenidas en la conciencia y determinan la actividad cognoscitiva y, obviamente, no investigan otras premisas como que la conciencia pertenece a un individuo concreto social, ni mucho menos las premisas y condiciones existentes fuera de la conciencia humana. Y, cuando aplican sus teorías, aplicación permitida por las instituciones educativas como si fueran la vanguardia, se desencadenan una serie de consecuencias básicas.
En primer lugar, pasan por alto, se desentienden, porque así lo exige su posición ideológica dentro de las sociedades divididas en clases sociales, como lo es hoy el capitalismo, del papel gnoseológico de la actividad práctica del ser humano. Algunas pedagogías, siguiendo a los materialistas sensualistas de los siglos XVII-XIX, partían y parten de que en determinadas condiciones conscientemente creadas, los órganos sensoriales del hombre pueden penetrar en el contenido total de los objetos estudiados, independientemente de su actividad práctica y teórica[4]. Las pedagogías que se emparentan con el empirismo idealista subjetivo, muy cercanos a las posiciones del filósofo George Berkeley y sus seguidores, terminan en que la experiencia del ser humano, relacionada con la obtención y utilización de los datos sensibles, debe colocarse en la base de todo razonamiento teórico y que nada se puede decir acerca de las cosas o acerca del mundo en general, fuera del marco de los datos sensibles o de los complejos de sensaciones. Ellos, los no racionalistas, sometían y someten a estudios serios el papel cognoscitivo de la práctica social e individual; la práctica era y es una frontera más allá de la cual comienza el conocimiento real, en especial el teórico[5].
No obstante, la actividad cognoscitiva real del ser humano, en cualquier ámbito, no sólo está formada por las operaciones con las representaciones sensibles y los conceptos; la acción práctica con las cosas mismas desempeña un papel fundamental, destacando la utilización de representaciones, conceptos, construcciones lógicas y lingüísticas, y otros elementos que caracterizan la actividad de la conciencia dirigida a un fin. No se tiene en cuenta que la práctica se relaciona con la utilización de los instrumentos de trabajo y los medios materiales del conocimiento, con la transformación de unos objetos con ayuda de otros, con la búsqueda y creación de condiciones concretas en las cuales es posible realizar tales cambios[6]. En este sentido, no se considera importante que existen aspectos de la actividad práctica que quedan fuera del ámbito de las representaciones sensibles, de los conceptos y de las construcciones lógicas y lingüísticas.
En el marco de la actividad cognoscitiva del ser humano, éste toma conciencia de los objetivos del conocimiento, se crean y utilizan medios y métodos para obtenerlo y se comprueban los mismos. Esta característica no la consideran ni empiristas ni racionalistas pues, en el fondo, en esencia ellos no se orientan en el sentido de distinguir y estudiar los procesos reales, objetivos, de los cuales forma parte esta actividad. Es lógico porque ambos enfoques del conocimiento del mundo se sustentan, siendo por ello idealistas, en que la actividad cognoscitiva es únicamente una actividad de la conciencia.
[1] La palabra “pedagogías” se usa en muchos aspectos, pero sobre todo para designar a las concepciones pedagógicas idealistas, similar a los conceptos acuñados por los analistas de esas “pedagogías” como los de “tendencias pedagógicas”, “nuevas tecnologías”, etc.
[2] Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS e Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de Cuba. Metodología del conocimiento científico. Ediciones Quinto Sol. Quinta Edición. México, 1985. Pp. 157-158.
[3] Ibídem. P. 158.
[4] Ibídem. P. 158.
[5] Ibídem. Pp. 158-159.
[6] Ibídem. P. 159.