Presentación

Sobre el autor

Soy el Licenciado en Geografía José C. Martínez Nava, autor de diversas obras de Geografía y enseñanza de la Geografía, autor de la teoría materialista dialéctica del espacio geográfico, autor de la Pedagogía concreta, del libro Nosotros y la política, profesor de instituciones particulares en preparatoria y superior durante más de 25 años; nacido en la Ciudad de México en 1957.

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Dialéctica de la Geografía

La Geografía es una ciencia del espacio

Por José C. Martínez Nava

 

Entonces, la Geografía ¿es o no una ciencia del espacio? Vemos que los que no utilizan el concepto de espacio, aunque piensen en el espacio terrestre real —y único existente— en el momento de definir el objeto de esta ciencia milenaria, caen en el mismo fango que los que niegan a la Geografía como una ciencia del espacio. Por lo tanto, se podría concluir que esta ciencia estudia cualquier cosa, dependiendo del gusto de los autores. ¿Es verdad esto? No. Recurramos a los mismos geógrafos consecuentes, independientemente de sus ideas sobre lo que es el espacio, y veremos que esta ciencia está interesada, antes que nada, por el espacio, y que cualquier otro interés de los geógrafos que se ponga por encima de éste no es más que fantasía, ignorancia, inclinación personal del científico a tal o cual tema, o en el mejor de los casos, necesidad de redundar en uno de los peldaños del proceso del conocimiento del espacio terrestre, convertido en único ya por partidismo científico hacia el idealismo ya por mera ignorancia inaceptable en la ciencia de nuestros días.

 

El geógrafo más consecuente entre la Geografía antigua y las Geografías moderna y contemporánea, que ha sido interpretado pobremente por muchos geógrafos actuales, Bernardo Varenio, explícitamente sintetiza a la Geografía anterior a 1650 como un conocimiento de las propiedades espaciales. En su obra fundamental, “Geografía general”, escribe: “Geografía se llama la ciencia matemática mixta que explica las propiedades de la Tierra y de sus partes relativas a la cantidad... y otras propiedades similares”[1].

 

La mejor aportación de Varenio a la Geografía —no importando que en su tiempo aún no se habían separado muchas ramas del saber del tronco materno, razón por lo cual incluye en esta ciencia conocimientos cosmográficos, astronómicos, etc.— es la conclusión de que la ciencia de Anaximandro, Eratóstenes, Dicearco, Crates, Ptolomeo y otros muchos sabios, es decir, la Geografía, estudia “propiedades de la Tierra y de sus partes relativas a la cantidad”, que no versa sobre las cualidades de los objetos terrestres sino sobre sus cantidades. Y, es su mejor aportación porque, ¿qué es la cantidad de las cosas materiales? La cantidad “representa ante todo las propiedades de espacio y de tiempo del objeto”[2]. Cada objeto se distingue de los demás por estas propiedades; siendo así, la Geografía estudia las propiedades cuantitativas espaciales de los objetos y procesos terrestres, y se distingue de las demás ciencias porque investiga las regularidades que se producen en la distinción e identidad no cualitativa sino cuantitativa espacial de los fenómenos de la Tierra.

 

La cantidad “se presenta inicialmente como cierta magnitud inherente a su calidad. En la medida en que se modifican dentro de cierto límite las peculiaridades cuantitativas, se modifica también la calidad del objeto”[3]. Esta no es más que la explicación de por qué en las investigaciones geográficas, predichas ya por Varenio en 1650, se debe tener en cuenta a las propiedades cualitativas de las cosas, además y sobre todo, de sus propiedades cuantitativas espaciales. Es más, no sólo las propiedades cualitativas de los objetos determinan en última instancia las propiedades cuantitativas espaciales, por lo cual ni aún los idealistas podrían dejar de considerar la realidad objetiva de la calidad de los objetos, sino que esta última en ciertos casos es condicionada por su cantidad espacial, estudiada y esclarecida nada más que por la Geografía.

 

Así, ya desde el siglo XVII Bernardo Varenio entendía que el espacio es objeto de la Geografía y que este espacio no es la esencia o calidad de las cosas terrestres, sino su otro aspecto inherente, la cantidad espacial, que interactúa dialécticamente con su calidad.

 

En la misma tónica que Varenio razonaban Kant, entre 1756 y 1796 con sus 47 cursos de Geografía, al hablar del espacio como elemento a priori que se introducía a las cosas, y éste como el central de la Geografía; Alejandro de Humboldt, entre 1796 y 1799, quien al igual que Kant diferenciaba a la Geografía de las demás ciencias, observando su carácter específico gracias a la manera de observar “bajo el punto de vista del espacio”[4]; y en 1817, Carlos Ritter, quien es considerado por muchos geógrafos, junto con Humboldt, el iniciador de la Geografía moderna y contemporánea, sobre todo abordando el problema de la sociedad en su campo de estudio. Escribió Ritter: “Las ciencias geográficas tienen que ver preferentemente con los espacios... con las descripciones y relaciones de coexistencia de las localidades. Se diferencia así de las ciencias históricas, que tienen que investigar la sucesión y el desarrollo de los acontecimientos”[5].

 

Dejando a un lado, por ahora, la concepción del espacio de Ritter, resalta el hecho primordial de que considera a su ciencia como la ciencia del espacio y, a este último, como la “coexistencia de localidades”. Ya desde el Renacimiento se consideraba exactamente la “coexistencia” como una categoría que refleja una condición eminentemente espacial, diferente a la condición temporal. “El espacio expresa el orden de distribución de los objetos que coexisten simultáneamente, mientras que el tiempo, la consecutividad de los fenómenos que se sustituyen unos a otros”[6].

 

A pesar de que se consideraba a la Geografía como un sistema de ciencias, D. Anuchin, por su parte, en 1912, tenía la concepción empírica del espacio que podríamos llamar revolucionaria para su tiempo, lo mismo se podría afirmar lo referente a su concepción de la Geografía como ciencia, a la que consideraba dedicada al estudio “del emplazamiento espacial”[7]. En 1896, Chízov ya decía que la Geografía “estudia independientemente sólo un género de dependencia: la conexión y la dependencia de los fenómenos heterogéneos, que dimanan de las relaciones espaciales”[8]. Por su parte, el geógrafo Alfredo Hettner decía en 1927: “La consideración histórica de la Geografía como ciencia nos ha enseñado que la geografía ha sido en todas las épocas la ciencia del conocimiento de los diferentes espacios terrestres...”[9]. Independientemente de que Hettner —y con él los geógrafos de la regionalización— se obsesionó con los árboles sin atinar a mirar el bosque —las regiones y los lugares puntuales en lugar del espacio terrestre, el todo—, siguiendo la fórmula del lugar aristotélica, es importante subrayar que el mismo Hettner aceptaba que los “hechos geográficos son relaciones del espacio”[10].

 

Desde entonces sólo los geógrafos más inconsecuentes e ignorantes se atreven a contradecir que la Geografía es la ciencia del espacio. Hasta hoy se dice, al tenor de Olivier Dollfus en su “Análisis geográfico”: “El geógrafo sitúa en primer plano de su investigación las relaciones entre las localizaciones y la diferenciación espaciales...”[11]. Richard Hartshorne escribía: “La Geografía trata de adquirir un conocimiento completo de la diferenciación de la Tierra...”[12]. Halford J. Mackinder, refiriéndose a una de las propiedades espaciales terrestres, la localización, dice: “Es especialmente característico de la geografía insistir en la influencia de la localización...”[13]. Richard J. Chorley, en su artículo “La geografía como ecología humana”[14] habla de que la Geografía se ocupa y preocupa de “las manifestaciones espaciales” o, argumentando malos entendidos en esta ciencia[15]: “La Geografía [con mayúscula: JCMN], no obstante, seguirá siendo una disciplina intrínsecamente espacial... [¿qué pensará Dollfus de su “no obstante”, la Geografía tiene mayor interés por el hombre?”]”, repitiendo Chorley casi lo mismo que Paul Vidal de la Blache en su famosa frase: “La geografía es el estudio de los lugares, no de los hombres”[16].

 

Finalmente, este pensamiento se presenta en autores un poco alejados de la influencia oficial, que tienen que sintetizar todo el conocimiento geográfico en trabajos especiales para la enseñanza preuniversitaria de la Geografía. Es el caso, entre muchos, del profesor mexicano Víctor M. López, quien en su libro “Geografía. Primer curso, primer semestre”, escribe: “El carácter propio de la ciencia geográfica es la localización... que no tiene que entenderse como la fijación de los lugares de la Tierra en que se realizan determinados fenómenos, sino la situación de los mismos en relación con factores o condiciones que lo determinan y cuya extensión favorecen”[17].

 

La Geografía es, pues, una ciencia del espacio. Pero, ¿para que sirve que los geógrafos —y otros científicos— conozcan y fijen certeramente que el espacio es el objeto de la Geografía? En primer lugar, para poner orden en el aparente caos de esta ciencia, para tener una idea concreta de las desviaciones e incertidumbres de las teorías geográficas y de los trabajos empíricos realizados por los geógrafos; pero, fundamentalmente, para fijar el aspecto ineludible sobre el que giran todas las teorías y todos los problemas fundamentales de la Geografía; para esclarecer el problema cardinal de la Geografía, es decir, el problema del espacio: el de su realidad y su naturaleza; y, por lo tanto, para comenzar científicamente a resolverlo y hacer de la Geografía una verdadera, unificada y completa ciencia.



[1]  Varenio, Bernardo. Geografía general (en la que se explican las propiedades generales de la Tierra). Barcelona, España, Ediciones de la Universidad de Barcelona, traducción del latín por José María Requejo Prieto, colección “Pensamiento y método científico”, No. 2, 1974. Pág. 134.

[2]  Blauberg, I. y otros. Diccionario de Filosofía. México, Quinto Sol, (Traductor Alejo Méndez García), 1986, p. 34.

[3]  Ibidem. Pág. 34.

[4]  Minguet, Charles. Alejandro de Humboldt, historiador y geógrafo de la América española. México, Dirección General de Publicaciones UNAM, 1985. Págs. 86-87.

[5]  Cfr. Hettner, Alfred. La naturaleza y los cometidos de la geografía. España, Geocrítica, No. 70, julio de 1987, p. 36.

[6]  Varios autores. Diccionario de Filosofía. (Tr. O. Razinkov) Ob. Cit. Pág. 423.

[7]  Cfr. Kedrov, B. M. Clasificación de las ciencias. Tomo 1 de 2. Moscú, Progreso, 1976.

[8]  Ibidem. Tomo 1. Pág. 136.

[9]  Hettner, Alfredo. La naturaleza y los cometidos de la Geografía. Ob. Cit. P. 35.

[10]                  Ibidem. Pág. 47.

[11]                Dollfus, Olivier. El análisis geográfico.  Ob. Cit. Pág. 6.

[12]                Gómez M., J., Muñoz J. y Ortega C., N. El pensamiento geográfico. Estudio interpretativo y Antología de textos (De Humboldt a las tendencias radicales). Ob. Cit. Pág. 359.

[13]                Ibidem. Pág. 206.

[14]                Ibidem. Pág. 231.

[15]                Ibidem. Pág. 232.

[16]                Cfr. Broek, Jan O. M. Geografía, su ámbito y su trascendencia. Ob. Cit. Pág. 16.

[17]                López, Víctor M. Geografía. México, ECA, 1950, 13a. Edición. Pág. 6.

Por geografiadialecticaymas - Publicado en: Dialéctica de la Geografía
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